Vladimir Galeana Solórzano

Muchas cosas se dicen de los hombres de poder, y en la mayor parte de las veces la imaginación resulta pequeña ante las verdades ocultas. Los gobernantes actúan “en el nombre de la ley”, toman decisiones “por el bien Común”, y gastan enormes cantidades de dinero en “»razones de Estado”. Así de simple la circunstancia de eso que denominamos “poder”, que no deja de ser una palabra que conlleva un sinfín de acepciones, muchas denominaciones, y diversas justificaciones para hacer cosas que se pueden y también las que no se pueden.

La circunstancia del poder incluye a militantes de diversos partidos políticos con registro o no, y que son identificados por la sociedad como los principales gestores de eso que denominamos “»bien común”, que no es otra cosa que la conjugación de voluntades para acercar o entregar al conglomerado social lo que se determina desde las diversas instancias del poder, y que en la mayor parte de las veces son elementos de bienestar, a cambio de que entreguen una parte de lo que reciben de utilidades por todo lo que hacen, saben hacer, y propician que otros hagan.

Hasta ahora me he referido a los hombres de poder porque el ejercicio político y gubernamental de este país sigue siendo dominado por el sector masculino, y en menor cuantía tenemos la participación de las mujeres pese a que hemos inscrito en la letra de la ley la paridad entre ambos géneros. A sesenta años del reconocimiento del derecho al voto femenino, hemos encontrado la persistencia de obstáculos para la plena participación de las mujeres en la toma de decisiones. El diagnóstico pone de manifiestos los avances y los obstáculos, pero poco interés hay en reconocerles cualidades.

Pero regresando al campo de lo político y gubernamental, los pronósticos que se han dado a conocer para este año resultan aterradores. La posibilidad de un decrecimiento de hasta un siete por ciento tiene con los pelos de punta a la mayor parte de los especialistas del fenómeno económico. Y si a ello anexamos la pandemia mundial por el coronavirus las cosas parecieran agravarse al punto de que los gobiernos están declarando alertas sanitarias.

No conforme con este tipo de eventualidades, el propio Presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, de forma cínica realizó una gira por Badiraguato, Sinaloa, la tierra de “El Chapo Guzmán Loera”, y saludó no tan solo a la madre del mayor narcotradicante de la historia mundial, sino a sus hermanos, uno de ellos llamado Aureliano, quien detenta la jefatura de una parte del Cartel de Sinaloa, y contra quien existen órdenes de aprehensión tanto en México como en Estados Unidos. Lo peor de todo, es que quienes mostraron poderío armamentístico fueron los narcos, y no el Estado Mayor Presidencial.

No sé qué pase por la cabeza de Andrés Manuel López Obrador. Pero está mostrando y demostrando lo que mucho se ha dicho en torno a su participación de las utilidades del narco para llegar a detentar la Presidencia de la República. Lo que siempre se dijo, que estaba financiado por el narco, está resultando cierto, aunque a muchos no les guste. Lo peor de todo es que con Donar Trump en la Presidencia de Estados Unidos, en cualquier momento podemos tener un conflicto en que los únicos perdedores seremos los mexicanos. Al tiempo. 

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