Vladimir Galeana Solórzano 

Debo señalar que no conozco en persona a la esposa del presidente de la República. Al ahora presidente me lo presentó Gonzalo Yáñez en la ciudad de Durango, y simplemente le di la mano y le dije que como periodista no comulgaba con su forma de hacer política. Así de simple fue mi presencia ante quien ahora dirige los destinos de este atribulado país, y después de varios años sigo pensando igual, de ahí mis críticas a su forma de tomar las decisiones que hasta ahora afectan a la mayor parte de los mexicanos. Tampoco le guardo rencor ante su petición de mi salida del emporio de medios en el que trabajé durante dieciocho años. 

Siempre dije en mis colaboraciones periodísticas que la llegada de López Obrador al poder se significaría como un antes y un después, y hasta ahora el tiempo me ha dado la razón. El desastre administrativo, y la disposición personalista de los caudales públicos que son propiedad de todos los mexicanos es una circunstancia lamentable, y lo anticipe varias veces en mis colaboraciones periodísticas, y seguiré criticando su lesiva forma de encabezar el gobierno de este país. Para decirlo más claro, considero que Andrés Manuel López Obrador es lo peor que le ha ocurrido a México. 

El fenómeno delictivo que tanto daño ha causado a los mexicanos sigue vigente. Y por desgracia pareciera que existe colusión con las estructuras gubernamentales, porque hasta ahora los criminales no han sido molestados ni siquiera con el pétalo de un operativo para desmembrar a las bandas del crimen organizado que se han adueñado de la mayor parte de las regiones de esta patria que cada día nos arrancan para convertirla en territorio narco. A López Obrador lo o le importan los mexicanos, y esto lo afirmó con todas sus letras porque su verdadera finalidad es someternos a una dictadura populista en la que seamos simples observadores de la forma en que destruyen lo que tanto tiempo y dinero nos ha costado, para edificar una feroz dictadura donde todos seremos pobres. 

El problema mayor es que pareciera que los dislates presidenciales son una forma de adoctrinamiento para que los mexicanos vayamos haciéndonos la idea de que es mejor perdonar las atrocidades de los criminales y dejarlos que se integren con toda su maldad a esa sociedad que impávida observa su propia destrucción, y la destrucción del modelo de vida que durante tanto tiempo hemos intentado construir. Para decirlo más claro, Andrés Manuel López Obrador nos está robando esa patria que tanto hemos defendido en nuestro devenir histórico. 

Doña Beatriz Gutiérrez Müller fue a Ciudad Obregón, Sonora, a participar en el “Fandango por la Lectura” donde convivió con el propio Gobernador Alfonso Durazo y la actriz Yalitza Aparicio. En otro de sus constantes desplantes le dio por exhortar a los criminarles a dejar las armas por los libros porque ningún lector es agresor. “Cuando estamos leyendo no estamos pegándole a nadie, estamos ocupando nuestras manos y ojos. En ese momento, aunque sea, estamos e; paz y no agrediendo a nadie. Ningún lector es agresor”. Así de simple su disertación y su propuesta. La presunta escritora dijo que se debería obsequiar un libro a los delincuentes para detener sus actividades delictivas. 

Ojalá en lo sucesivo veamos a la Marina Armada de México, al Ejército Mexicano, y a la señora Gutiérrez Müller, buscando a los diversos miembros de los distintos carteles que existen en el país para entregarles un libro. Claro está que lo que menos les interesa es que alguien vaya a pretender redimirlos con la cantaleta de que un libro les dará una mejor utilidad que el trasiego de drogas, y que su nueva espiritualidad les seguirá incrementado su riqueza, y que ya no tendrán que andar matando mexicanos porque han recibido la bendición de uno de los mejores consejos que pudieran escuchar de tan preclara Dama. Doña Beatriz será canonizada por haber liberado a los desalmados asesinos de su pesada carga enseñándolos a leer. Sin lugar a dudas hoy México es un país mucho más surrealista. Al tiempo. 

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