Vladimir Galeana Solórzano

Sin lugar a dudas muchas cosas se pueden decir de lo errático de las decisiones en los dos años de gobierno que lleva Andres Manuel López Obrador. Y no se trata de lanzar culpas, porque las tiene todas, sino de dejar en claro que hasta ahora su administración ha sido una de las más desastrosas de que se tenga memoria en la historia de este México tan nuestro y del cual han pretendido apoderarse una casta de cínicos ineptos, corruptos, ladrones, y facinerosos, que en el pasado acumularon un brutal odio por todos aquellos que nunca quisieron plegarse a las disposiciones de un hombre que hasta ahora lleva un buen trecho intentando destruir al México que nosotros construimos.

Los esfuerzos por detener la brutal caída que ha tenido la economía del México de nuestros días han sido en vano, y no es que carezcan de conocimientos, por el contrario, la perversidad es la que guía el camino del ahora Presidente de la República cuya verdadera finalidad es alcanzar el caos para reordenar a la sociedad mediante un nuevo sistema normativo que proteja los intereses del Estado antes que el particular, porque de lo que se trata es de implantar el socialismo del Siglo XXI, ese mismo socialismo que experimentó Hugo Chávez en Venezuela y que se ha convertido en un referente al que acude Andres Manuel López Obrador cada vez que enfrenta una crisis.

Pero si algo podemos señalar en torno a la bastarda pretensión de cambiar nuestro sistema de gobierno por uno autoritario y tiránico como lo tuvimos en el pasado, es que los mexicanos no somos tontos como lo ha calculado el ahora mandatario, por el contrario, estamos dispuestos a sobreponernos de una crisis más de las que tantas hemos dejado atrás, y seguiremos nuestro camino en común para mantener ese México tan nuestro y que nos pretende arrancar una bola de facinerosos que acompañan al aventurero que por ahora detenta el poder.

El despertar del México profundo está a punto de ocurrir, y no lo están entendiendo. Bien dicen por ahí que el facineroso que se apoderó del poder solamente dirige su vista hacia aquellos que le manifiestan su servilismo, que es distinto a la lealtad que posee la mayor parte de los mexicanos que siempre han llevado a su patria en el corazón, y no en el interés monetario de esa casta de ladrones que se unieron para intentar concentrar el poder en un líder que hasta ahora solamente ha enseñado lo efímero de su visión como un presunto dictador, porque para ser un hombre de Estado se requieren condiciones que ni posee ni poseerá.

Andres Manuel López Obrador no es más que un facineroso que se ha dedicado durante toda su vida al asalto de las arcas públicas con la cantaleta de una pretendida transformación que no tiene rumbo ni dirección, y que por el contrario, lo único que hemos visto en estos dos años de gobierno es el caos administrativo, la ineficiencia, la mendicidad y la ineficacia de una casta de usurpadores que llegaron a asaltar las arcas públicas con la permisibilidad de quien encabeza el gobierno mexicano.

Pero también tiene mucho que ver esa indolencia criminal de la mayor parte de los mexicanos que observan horrorizados la destrucción de la patria, y solamente se cruzan de brazos antes que dar la batalla por la recuperación de lo que ha sido nuestro y que debe seguir siéndolo porque somos nosotros quienes lo hemos construido y por lo tanto quienes debemos detentarlo. México es de los mexicanos, no de los etarras que ha contratado el presidente de la República para que entrenen a las agresivas pandillas de facinerosos para implantar el modelo socialista que tanto aspira encabezar el tabasqueño. México es nuestro, y debemos defenderlo. Al tiempo.