Vladimir Galeana Solórzano

Sin lugar a dudas las cosas no le están saliendo al Presidente de la República. Y eso no es culpa de los innumerables adversarios de los que hace mención un día sí, y otro también. Hasta ahora sí algo podemos señalar es que, con la aplastante mayoría del Movimiento de Regeneración Nacional en el congreso mexicano, a lo que hay que sumar eso que se ha denominado “chiquillada”, es decir, los partidos minoritarios que prefieren sumarse a la mayoría parlamentaria antes que privarse de las migajas económicas, Andrés Manuel López Obrador sigue conservando una aplastante mayoría.

El problema es que la estrategia de gobierno no ha salido todo lo bien que se esperaba por diversas circunstancias, entre las que sobresalen el intenso odio hacia los adversarios, la inmensa impericia de quienes se adhirieron al proyecto de gobierno de Andrés Manuel López Obrador, y el largo colmillo de los congresistas del Partido de la Revolución Democrática, Acción Nacional y los tricolores, quienes prefieren nadar de muertito antes que exponerse a la vindicta pública y los odios morenistas.

Si bien es cierto que la mayoría parlamentaria es la que sigue imponiendo su criterio, sus propuestas, sus adecuaciones a leyes constitucionales y secundarias, también lo es que la inmensa masa de morenistas no entiende un carajo de lo que es el trabajo parlamentario, y con tal de hacerse notar le hacen el trabajo sucio a la oposición con sus yerros parlamentarios, y con sus debates insulsos que en la mayor parte de las ocasiones benefician a las raquíticas oposiciones.

Por mucho que se señale que el proyecto de cambio de país va en serio, hasta ahora los mexicanos estamos entendiendo que esa inmensa mayoría de diputados y senadores que se aliaron al proyecto de Andrés Manuel López Obrador, entienden distinta unos de otros la tarea de hacer gobierno, porque hasta ahora las ocurrencias y la inexperiencia les han salido caro a quienes piensan que son predestinados para cambiar el rostro del sistema político mexicano y del propio país.

Lo que no han entendido es que para diseñar un nuevo esquema gubernamental se requiere tener conocimiento de la ciencia política, de lo que significa la administración pública, de lo que se requiere para instrumentar un nuevo esquema gubernativo, de las disfunciones propias de un sistema político anacrónico como el nuestro, y quizá lo más importante, que ahora son mayoría parlamentaria y detentan el gobierno. Pero no tan solo los congresistas no lo han entendido, el propio Presidente de la República está ausente de las grandes decisiones que requiere tomar este país.

Hasta ahora no existen buenos augurios, y no es porque las oposiciones hayan entorpecido la toma de decisiones. El problema no está del lado de las minorías, sino en la masa amorfa que representa la mayoría parlamentaria del Movimiento de Regeneración Nacional, que tiene muchos liderazgos e inmensos intereses que están deteniendo la marcha del gobierno. El problema es un Presidente que prefiere flotar en sus dichos mañaneros antes que tomar decisiones fundamentales que requiere este país. Al paso que vamos el fracaso está a la vuelta de la esquina. Al tiempo. 

Vladimir.galeana@gmail.com

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