Vladimir Galeana Solórzano

Dos años de haber ganado la Presidencia de la República y las noticias no son nada halagüeñas. Por menos de lo que hoy ocurre exigía en sus discursos públicos durante su activismo por todo el país la renuncia de los mandatarios en turno.

 Hoy tenemos los peores resultados de la historia reciente y tiene el cinismo de señalar que la mal llamada Cuarta Transformación va viento en popa. Bien dice la sabiduría popular que “»con la vara que mides serás medido”, y por desgracia para este país las cosas pintan mal.

Lo peor de todo es que hasta ahora la economía es un desastre que nunca habíamos padecido. A menos que yo recuerde mal, nunca habíamos caído por debajo del diez por ciento y parece que seguiremos a la baja. Pero si algo debemos tener presente es que así es el populismo barato que se esquisto en América Latina a partir de la llegada de Hugo Chávez a la Presidencia de Venezuela, con el apoyo monetario de Cuba, la única nación comunista del hemisferio con un feroz gobierno que sigue ahogando a la otrora Isla conocida como “»El paraíso de América”.

En la contabilidad del gobierno encabezado por Andrés Manuel López Obrador habrá que incluir la cifra de muertos que hasta ahora han superado los treinta y dos mil asesinatos violentos. Se dice fácil, pero los efectos han sido desastrosos porque hasta ahora no existe una estrategia que valga la pena y lo único que tenemos por defensa son las ocurrencias diarias de los gobiernos emanados del Movimiento de Regeneración Nacional, que siguen intentando desgastar a los gobiernos surgidos de otras representaciones políticas.

El problema es que ante un pueblo con un alto porcentaje de mexicanos que se incluyen en los márgenes de la pobreza, las predicas populistas de soluciones fáciles siguen incrementando la esperanza sin entender que las dádivas no representan más que una forma de mantener viva una militancia que es manipulada desde el púlpito presidencial todos los días. Regalar dinero público es la principal estrategia del populismo, pero también hay que señalar que no es fácil manejar un país, y menos cuando no se tienen los conocimientos adecuados para caminar hacia el éxito.

O quizá es que Andrés Manuel López Obrador lo que en realidad pretende es incrementar los niveles de pobreza de forma estratégica para que la mayor parte de los mexicanos dependamos de las dádivas oficiales. De ahí su persistencia de acabar con la libre empresa y mantener la economía a la baja, porque como lo ha dicho en sus conferencias mañaneras, “si tenemos arroz y frijoles, con eso es suficiente, para que los lujos”. Así de simple se explica el proyecto de empobrecimiento para contar con integrantes que sean beneficiados por las generosas dádivas del “»Bien Amado Camarada Líder”.

Por lo pronto nuestra lamentable realidad indica que tenemos treinta y dos mil muertos por la pandemia del coronavirus, y aunque no lo quiera aceptar López Obrador, vivimos una de las mayores tragedias de nuestra historia y son producto de su irresponsabilidad. Ni que decir de los doscientos sesenta mil contagiados, pero vamos bien según sus propias palabras. A eso hay que agregar que los niños con cáncer siguen sin recibir medicamentos, con lo que podemos decir que hay un genocidio consentido por el gobierno, y en su momento tendrán que pagar por esa conducta criminal. Pobre México, pobres de los pobres que siguen creyendo que obtener dádivas es generosidad y no manipulación para instaurar una dictadura. Así de simple. Al tiempo.

Vladimir.galeana@gmail.com