Ivette Estrada

El mundo que conocíamos ya no será el mismo. Una pandemia modificó radicalmente nuestra percepción de lo que es y no importante. De lo que tiene verdadero valor y significado y de todo aquello que puede ser soslayable.

Quienes se dedican a la gestión de riesgos maximizan ya las áreas de probables contingencias y se vuelcan a una exacerbada sospecha de todo y por todo. Pero nosotros, los morales comunes, deberemos aprender a vivir el momento y a admitir que existen nuevos desafíos en nuestra realidad. Estos son los cinco esenciales. Cada uno de ellos puede representar una peligrosa amenaza para el futuro o el inicio de oportunidades.

Asimetría: Disparidad de riqueza y erosión de la clase media.  La división de clases socioeconómicas amplía su brecha. El mundo se divide finalmente en ricos y pobres. Sin embargo, aún en el polo de menos fortuna podemos crear, compartir y esperar mejores oportunidades de vida y expresión. Todo radica en no disminuir nuestra capacidad y autoaprecio en aras de factores mensurables.

Interrupción: Cambios tecnológicos abruptos y sus efectos destructivos. Siempre se percibe que el uso desmedido de tecnologías como la robótica, Inteligencia Artificial, Aprendizaje Acelerado y otras Tecnología de la Información desplazarán los puestos de trabajo actuales. Es verdad que las tareas rutinarias y reiterativas se sustituirán, pero al mismo tiempo las competencias verdaderamente humanas tendrán más auge en empresas de todos los sectores económicos. Es hora de reinventarnos.

Edad: Presiones demográficas a medida que aumenta la vida media de los seres humanos y la tasa de natalidad cae. Para nadie es un secreto que la población del mundo envejece. Y esto pude representar decadencia o una rica oportunidad de emplear la experiencia y habilidades de las personas de las generaciones silente o baby boomer. Es momento de desterrar la visión acendrada de que sólo los jóvenes valen. La inclusión y diversidad es lo que genera la riqueza en comunidades, empresas y naciones.

Populismo: Creciente populismo y rechazo del statu quo, con nacionalismo asociado y fractura global. En sociedades donde se han impuesto líderes populistas pronto manifiestan desencanto y hartazgo de las decisiones unipersonales guidas por la intuición ye improvisación. La caída de Trump en las urnas es un ejemplo de que este modelo de gobierno no prevalece mucho tiempo.

Confianza: Disminución de la confianza en las instituciones prevalecientes que hacen que nuestros sistemas funcionen. Pero a la par aparecen sustitutos que pugnan por mayor democracia y participación social. Las iglesias seculares, por ejemplo, se derrumban ero en su lugar se multiplican los lugares de oración y el dios omnipotente cede su sitio a uno más comprensible, amorosos y benevolente que está dentro de cada uno de nosotros.

¿Fatalismo en el devenir? NO. Sólo un cambio de paradimas y estructuras, la noción más fuerte de que nada es inamovible y de que los cambios son continuos, de que no somos poseedores de nada, pero si de nuestra percepción y de cómo nos relacionamos con la vida.

Es tiempo de desafiarnos a nosotros mismos.