Carlos Ramos Padilla

Nuevamente y rompiendo todos los protocolos y a su gusto, bajo sus condiciones y tiempos, López Obrador, documentó lo que le vino en gana. Lo exhibió como tercer informe dado que el 11 de marzo presentó un resumen de actividades en los primeros 100 días de su gobierno; el 1 de julio, una segunda revisión a un año de ganar las elecciones; y tres, este 1 de septiembre el informe constitucional de la Presidencia de la República y tercero “hacia el pueblo” (¡¿?! ¡¿?!)

Habló y dijo lo que quiso enfatizando con eventos simbólicos de impacto mediático/masivo, que de resultados. Todo contrasta no sólo con sus promesas de campaña, sino las severas y constantes críticas a administraciones pasadas y desde hace 18 años. Manipuló discursos y criterios. Antes de llegar a la presidencia dijo creceríamos a un ritmo de 4% y que reduciría las tarifas de los energéticos. Pues ni una ni la otra.

Aseguró que con la Guardia Nacional reduciría los niveles de violencia y asesinatos y por el contrario, se han multiplicado. Aseguró los beneficios darían ventaja a los pobres y necesitados y les ha pegado durísimo con el Seguro Popular, las instancias infantiles y la carencia en el abasto de medicamentos.

Algo que presume pero es de dar vergüenza es la llegada de remesas como pilar de la economía y deja en claro que dio un duro revés a los ex presidentes quitándoles la seguridad y pensiones, pero eso en nada beneficia al país, como tampoco el que en un año no se haya podido vender la flotilla de aeronaves del gobierno. El asunto del aeropuerto está entrampado, ni continúa el de Texcoco ni se da marcha al de Santa Lucía ni al de Toluca, es más, atorado también y en conflicto el tren maya.

La refinería de Dos Bocas entre la inoperancia, la destrucción ambiental y la intención de bloquear todo tipo de manifestación pública que evite su construcción. Los ataques a los medios de comunicación son insistentes y esa extraña posición de separar a la política de la economía lo anticipa cuando en el estrado tiene a los “fifís” y “conservadores” más importantes, empezando por Carlos Slim.

Dice recomponer la relación con Estados Unidos pero se ha salido de control el asunto migratorio, incluso con enfrentamientos a golpes entre los cuerpos de seguridad mexicanos y los africanos indocumentados. Como moneda de honestidad trata la aprehensión de Rosario Robles y la pesquisa en contra de Emilio Lozoya cuando todos apuntan a Romero Deschamps y se dan a conocer cifras de propiedades inexplicables de Manuel Bartlett.

El crecimiento económico, que es lo que importa está estancado. Así las cifras son vacilantes y la radicalización social muy marcada. No hay apoyo a niños con Cáncer pero se mantiene en alto el presupuesto para el béisbol mientras abuchean al presidente al inaugurar el nuevo estadio de los Diablos Rojos. Únicamente impulsa al deporte de alto rendimiento gracias a la venta en subasta de la casa de un corrupto y aún no hay explicaciones claras sobre el accidente aéreo que costó la vida a la gobernadora de Puebla.

En fin, contrastes y populismo en un evento constitucional que deja en verdad mucho que desear. Ahora si el día de un solo hombre, se minimizo la presencia de los gobernadores, del gabinete, de la iglesia, del empresariado. No hubo estrado, solo una silla para el Presidente que incluso emitió el mensaje político antes de entregar formalmente los documentos que acreditan el estado de los recursos de la nación al Congreso de la Unión. La frase que selló el evento la dio Beatriz Paredes cuando señaló que se está “demoliendo a las instituciones”.

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