Carlos Ramos Padilla

Loret ya es tema recurrente del presidente. Le dolió la exhibición del glamour de uno de sus hijos. AMLO ha dejado el esfuerzo cotidiano por la nación para castigar mediáticamente a los periodistas. Su necedad no corresponde a lo que la nación exige. Demandamos al Ejecutivo que con ese vigor aprehenda a Ovidio y nos diga a cuánto asciende su fortuna por el saqueo a la Patria a través del crimen.

Demandamos al Ejecutivo que con ese coraje nos muestre los presupuestos asignados a Epigmenio Ibarra Que con esas agallas pida a sus órganos de inteligencia y seguridad dar con los criminales de tantos colegas asesinados.

Que muestre estatura el presidente para acabar con la impunidad y se abra ya el expediente de investigación contra Delfina Gómez por el ilícito del diezmo en Texcoco. Que con esas lágrimas determine acción penal contra los corruptos que dejaron 26 familias enlutadas por la tragedia del Metro.

Es innecesario que se confronte ahora con el senador Ted Cruz y demande a los paisanos radicados en Estados Unidos que den la espalda mientras aquí se ocultan los datos fiscales sobre las “aportaciones” de Pío y Eva Cadena a su movimiento. Calificar a Ted Cruz de “metiche” reduce a la investidura presidencial.

Si Loret gana millones o no es producto de sus acuerdos contractuales con las empresas que confían en él.

Mejor pida el conocimiento público de los contratos de arrendamiento de José Ramón en el extranjero y la comprobación de sus ingresos que al parecer son más onerosos que lo que gana el presidente de México (hay que recordar dos cosas: una, que AMLO se ensañó con Ricardo Anaya prácticamente por el mismo fenómeno que su hijo y hasta le acomodó el apodo de “Ricky, Riquillo” y, dos, el tabasqueño criticó severamente a los “aspiracionistas” de la Colonia Del Valle por su condición económica).  

Loret ya fija la agenda nacional y el presidente reacciona con reflejos tardíos e impulsos vengativos. Lleva semanas desviando la atención de los problemas prioritarios del país para intentar subir al cuadrilátero a un periodista cuando el escándalo es de su familia. Su prima, su hermano, sus hijos están bajo el supuesto de conflicto de intereses y de irregularidades y eso, bajo ninguna circunstancia, ha merecido el interés y la enjundia presidencial. El senador Ted Cruz tampoco es el problema.

Ese legislador, de ultra derecha, con absoluta verdad solo reflejó lo que está ocurriendo aquí que pone en riesgo la seguridad de allá. Convocar a la comunidad latina a actos políticos en país extranjero es injerencia y es un acto temerario hacia nuestra estabilidad. Una y otra vez el ataque es más radical, sin respeto y con un grado mayúsculo de rencor.