Carlos Ramos Padilla

Y llegó a la tierra de Zapata, se presentó en Anenecuilco y ahí le gritaron “Obrador, mentiroso eres un hablador” y la seguridad presidencial no pudo contener a la multitud que le exigía al presidente detenerse a escuchar a los “verdaderos campesinos”.

Eran familiares de Emiliano Zapata y miembros de la Unión Nacional de Trabajadores Agrícolas (UNTA). Dice que lo cuida el pueblo, sin embargo, se contaron por lo menos 10 camionetas blindadas y 16 custodios todos disfrazados de civiles con camiseta blanca y gorra negra. Y el griterío fue muy claro, retirar la obra de Chairez sobre el Zapata afeminado y la renuncia inmediata de la directora de Bellas Artes.

También piden cuentas claras sobre el crimen del activista Samir Flores ocurrido el pasado 20 de febrero del año pasado y que aún no se ha esclarecido, además, no continuar con el proyecto de una termoeléctrica en la zona oriente de Morelos. Ahí mismo, entre los jaloneos apareció un hombre con una pistola, después se dijo que pertenecía a la policía municipal, sin embargo, el sujeto vestía de civil, portaba lentes oscuros y de acuerdo a las autoridades ningún “uniformado” debería portar armas.

Un tiro, un solo tiro hubiera sido suficiente para ocasionar una tragedia. Y no es la primera ocasión en menos de una semana que AMLO resiente la oposición y desafió de la comunidad indígena. Vimos ya los serios reclamos del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) que advierte al gobierno federal que no pasará el proyecto del Tren Maya. Por si fuera poco, también en Morelos, el Ejecutivo recibió el rechazo de empleados del sector salud, en especial de enfermeras.

AMLO les pidió su apoyo para acabar con la corrupción a lo cual recibió como respuesta un “no” y todo porque el tabasqueño empezó a ofrecer cifras de abasto de medicamentos que contradicen la realidad y la merma evidente que se registra en apoyo de recursos para los médicos y su práctica. He escrito ya con frecuencia cómo día con día el mandatario se enfrenta al rechazo de numerosos grupos sociales por su falta de cumplimiento en sus proyectos de gobierno, por sus “otros datos”, por sus descalificaciones continuas a todo aquel no corresponde a sus ideas.

Debe el gobierno federal rectificar y corregir. Se necesitan no discursos aislados, sino articularnos como sociedad para saber exigir, para saber debatir, para saber encontrar soluciones a demandas colectivas y generalizadas. No hay día que le digan al presidente que está equivocado y que sus programas económicos serán un fracaso.

El asistencialismo no ayudará a salir adelante al país. Las inversiones están frenadas y se están registrando dos asuntos muy peligrosos, fuga de capitales y caída de las remesas. Y cuidado el radicalismo social que ha provocado y permitido el propio presidente puede estallar en enfrentamientos masivos y con esta visita a Morelos ya vimos que una pistola en manos de un irresponsable, con un solo tiro puede, repito causar una conmoción que no aguantaría la clase política que dice manda en el país.

Falta nada más saber si para a lo los activistas del EZLN y UNTA son “fifís”, “conservadores” o “neofascistas”. Y por cierto ahora los incondicionales del tabasqueño piden que AMLO cuente con más seguridad. Y lo hará y lo ha estado haciendo, aunque diga que no es así.

Y sabe que nos convenció con la mentira de Nico y su Tsuru. Ahora a mano alzada, en asamblea callejera preguntará si quieren que en lugar de médicos y medicinas se contraten a elementos elite de seguridad como las “gacelas” ¿o ya nadie se acuerda de ellas? Y que conste que es pregunta.

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