Carlos Ramos Padilla

El presidente Andrés Manuel López Obrador reveló que cuenta con un “testamento político” para garantizar la gobernabilidad en caso de que pierda la vida, ello debido a los antecedentes de salud que padece. Dijo “Yo tengo un testamento político, no puedo gobernar un país por responsabilidad con estos antecedentes de infarto, hipertensión, sin tener en cuenta la posibilidad de la perdida de mi vida, tiene que garantizarse la gobernabilidad…

No va creo yo a necesitarse, y vamos a seguir queriéndonos mucho. Ya estamos de regreso en Palacio Nacional. Muy tranquilo y muy contento porque tenemos que consumar la obra de transformación, expresó.

Pero vayamos por partes: el testamento es un acto por medio del cual una persona manifiesta libremente su voluntad para disponer de sus bienes, derechos y obligaciones, y designarlos a una o varias personas para después de su muerte. La persona que elabora el testamento recibe el nombre de testador o autor de la herencia.

Por tanto, AMLO cree que la nación y su destino es su propiedad y sin él se perdería la gobernabilidad, asuntos absolutamente falsos. Ahora bien, existen los testamentos especiales que son el militar, el marítimo, y el hecho en país extranjero.

Es el otorgado en tiempo de guerra por aquellas personas involucradas en la misma (testamento ordinario) o en peligro de muerte por su participación en una acción bélica (testamento extraordinario). Tampoco se ajusta a lo difundido por el tabasqueño.

La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos es muy clara al establecer las condiciones del país en caso de ausencia del mandatario. Además, AMLO insinúa tener un sucesor para el cumplimiento de su testamento lo que incurre nuevamente en menosprecio a las leyes nacionales.

¡Esto no es una monarquía! Preocupa por supuesto la salud y estabilidad emocional y físico del presidente, pero en este caso sobresalen sus ocurrencias ya convertidas en disparates.

Después de su intervención por problemas cardíacos le dio por jugar béisbol, para contener a la pandemia no cumple los protocolos y se ha contagiado en dos ocasiones, es decir, su actitud temeraria no corresponde a conductas cuerdas y prudentes. Lo mismo al desafiar la seguridad de él mismo como presidente y de grupos de personas al insistir en viajar en aviones comerciales.

No ha querido dimensionar la gravedad de sus pronunciamientos, determinaciones e imposiciones.