Carlos Ramos Padilla

México, es evidente, no está bien calificado ante los ojos del mundo. No es la primera ocasión en que las calificadoras nos desmerecen y que Estados Unidos no coloca contra la pared por la serie de atropellos políticos que la Cuarta Transformación comete.

Y no es que Trump nos presione por su sobrada prepotencia, es que la populista determinación de puertas abiertas a los migrantes no conviene y menos a nuestro país. Porque la terquedad del aeropuerto de Santa Lucía, la Refinería de Dos Bocas y el Tren Maya son ejemplos de caprichos personales como el rico presupuesto al béisbol que determina el Presidente.

Porque la austeridad republicana ha estancado a la economía, promovido el desempleo py porque derogar impulsivamente una reforma estructural como la educativa bajo esquemas fuera de la ley han encendido desconfianza y alertas mundiales.

Nuestro entendimiento con el mundo no es con ausencias como en Davos ni con cartitas al G-20. No estamos corriendo a la misma velocidad con el resto de las naciones, por el contrario, aquí se intenta regresar a una política incomoda incluso en el uso de energías altamente contaminantes y fuera de un control saludable para la salud del planeta.

Y estás no son meras apreciaciones, son realidades que se reflejan en una serie de charlas mañaneras que ya ni siquiera divierten y si se han colocado en la mejor tribuna para ofender, atacar y acusar a los demás.

Lo dije a la inauguración del Tianguis Turístico de Acapulco, frente a los ojos de los inversionistas mundiales, nuestro presidente no puede llegar a improvisar su discurso, a decir que no va hablar mal del gobernador “porque aquí si lo quieren”, a manejar “su” información a través de “youtubers”, a decirle al mundo que nadamos en corrupción y que sus antecesores nada hicieron.

Es muy, muy preocupante ver cómo crece la violencia junto al odio entre diferentes condiciones sociales. Observar que la preocupación de las autoridades radica en proponer que los niños usen falda en un enfermo criterio de igualdad cuando hablan de defender a los pobres pero los multiplican.

He escuchado decir a los políticos ganadores pero sobretodo perdedores en elecciones “ no podemos más que desear que le vaya bien al Presidente porque así le va bien a México” ojalá no nos acerquemos a reconocer que si le va bien al Presidente le va mal a México.

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