Carlos Ramos Padilla

Sin duda uno de los temas centrales de conversación en términos políticos es la eficacia y estabilidad de genera un gobierno como el de la 4T. Un episodio inédito que marca muchas ondulaciones. Una votación histórica que da un capital político sin precedentes, incluyendo por lo menos el dominio de otro poder que es el legislativo, y el aparente control de uno más, el judicial. Un candidato convertido en presidente que fue acumulando en 18 años esperanza y expectativas.

Un desorden administrativo e ideológico de los demás, si todos los otros partidos convertidos en una acumulación de escombros que de todos no convence ninguno.

Pero del otro lado, una administración que le bastó sólo un año para sepultar las reformas del país, para tutearse con la delincuencia, para vivir de ocurrencias y difamaciones, para reducir su presencia internacional pero sobre todo, para socavar la economía de todos los connacionales ya sea por una mentira llamada austeridad republicana, por el impulso gravísimo al desempleo, la multiplicación del comercio informal, y el contrasentido de sólo apoyar cinco proyectos: Santa Lucía, Dos bocas, el Tren Maya, la rifa de un aeroplano o para cerrar con broche de oro, la compra de un estadio de béisbol en plena detonación de una pandemia.

Sin duda las pifias convertidas en políticas públicas han enfadado a la sociedad y la confianza y popularidad del presidente ha bajado rápidamente, en meses, de más de 80% a casi un 47% actual y con nubarrones en el horizonte. Entonces, la pregunta recurrente, y ¿Quién le entra al quite? Y la respuesta casi siempre es el silencio. ¡Por un partido, no! Por una corriente ideológica, menos porque no hay. Por un personaje, ¿Quién? Es la respuesta y lo mismo se rechazan biografías que nombres.

Pero eso sí, todos, o casi todos, coincidimos que la llamada oposición está perdida en el tiempo y en el espacio. Sólo se ha convertido en contestataria de las ocurrencias del tabasqueño. Y nos encontramos con un país sin rumbo, en una espiral y sin alternativas serias de una nueva y diferente conducción de la administración pública. Es más, no únicamente la duda salta en la oposición, sino ante la posibilidad que alguno de los integrantes del selecto grupo cercanísimo al presidente pudiera acceder a sustituirlo.

Vamos ya hasta se menciona a uno de los hijos de López Obrador. Así de acéfalos estamos, así de incrédulos andamos, así de cojos intentamos caminar y todavía sentimos como que vamos corriendo.