Carlos Ramos Padilla

Las medidas y disposiciones a tomar en consideración al salvamento de vidas en tragedias o eventos inusuales como la pandemia deben estar muy definidas por mecanismos de Protección Civil que de una u otra manera promueven una nueva y fortalecida cultura cívica. Cierto, hemos aprendido y mucho desde los sismos de 1985 cuando la primera muestra de entereza la dio la sociedad civil con un ejercicio ejemplar de solidaridad.

Desde esa fecha al día de hoy, se intensifica la coordinación de actividades para evitar situaciones de crisis extremas. Por ello los simulacros, las bocinas urbanas, los preventivos en medios de comunicación, los puntos de encuentro en zonas de alta densidad humana y las instrucciones colectivas en estadios, cines o sitios donde se desarrollen, por ejemplo, conciertos o manifestaciones públicas.

Las autoridades han implementado mecanismos de alertamiento de alta tecnología para monitorear movimientos telúricos, detonaciones volcánicas o probables tsunamis. Los programas tienen que ser vinculados con muchas instituciones como el Ejército Mexicano, la Armada de México, el sistema hospitalario, los tres órdenes de gobierno, universidades y centros de investigación, entre otros.

De manera sobresaliente anotamos el profesionalismo de personajes como el Doctor Carlos Valdés quien estuviera al frente del CENAPRED y hoy es cabeza académica y de investigación de la UNAM en Costa Rica. También en la actual administración la preocupación y ocupación del coordinador nacional de Protección Civil, David León, deja de manifiesto la enorme responsabilidad de cobijar a millones de seres humanos bajo un marco legal y técnico de salvamento.

No hay que olvidar que se deben establecer criterios homologados entre las diferentes entidades federativas y atender a satisfacción los mil dos cientos capas de información al Atlas Nacional de Riesgos. Hoy la estructura de Protección Civil deberá responder al máximo por esta atípica pandemia que ha dejado una estela inmisericorde de muertes en todo el planeta y un ejercicio nunca antes visto de aislamiento físico, pero de acercamiento virtual.

Sin duda alguna, al paso de los meses, la maquinaria social, política, económica y hasta religiosa responderán a nuevas condiciones y reglamentaciones. Es importante recordar, antes de cerrar esta colaboración, que nuestro país va a la vanguardia de los macro simulacros y que el intercambio de información fundamentalmente con Japón ha sido relevante.