Carlos Ramos Padilla

Converse con el muy prestigiado científico mexicano Doctor Pedro Lamothe en el programa Va en Serio de canal 34 de TV, sobre política ligada a las matemáticas y me formuló una propuesta interesante y como siempre, inteligente. En México ya no se requiere operar ni democracias ni dictaduras, ¿entonces? Pregunté.

Debe prevalecer un esquema de competitividad por capacidad y conocimientos, me respondió de inmediato. Y puntualizó, sí un médico cirujano para ejercer debe contar con un documento oficial que avala su grado académico y de conocimiento, si un ingeniero para construir una obra de envergadura debe mostrar ante la sociedad su capacidad a través de una licencia universitaria yo no veo por qué un político para ser diputado, senador o candidato a la presidencia no presuma ante los gobernados un testimonio que acredite que se encuentran preparados para ejercer el cargo.

Todo hombre en una responsabilidad que involucre poder, dinero, decisiones que impacten a millones de seres, tiene que estar preparado para dar resultados. En universidades como en España, para poder educar, no aceptan profesores que no guarden en su historial por lo menos un grado doctoral. En Berkeley, Estados Unidos, son los premios Nobel los que dan cátedra todos los días. Y con esos enormes saltos de conocimiento e información, los alumnos, en cualquier disciplina están obligados a superar al maestro.

Pero mientras la instrucción pública no corresponda a las necesidades reales del país o los gobernantes sean improvisados, oportunistas o arriben por recomendaciones o pagos de cuotas políticas, sólo se aplicarán ocurrencias, errores, enfrentamientos y radicalismos.

Y Lamothe tiene razón y mucha. Legisladores que crucifican por desconocimiento a nuestros valores en los deportes, oficinistas que llegan a despachar en Educación Pública para destruir sistemas vigentes sin alternativas viales, populistas que determinan cancelar obras de primer orden porque vienen de otros gobiernos que no son el suyo, esos habrán de dañar severamente a la nación. Tiempo al tiempo.

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