Carlos Ramos Padilla / @cramospadilla

Ser testigos todos los días de los actos criminales de la mafia con fusilamientos, torturas, secuestros, ahorcados, camiones incendiados, balaceras en plazas públicas y saqueo de viviendas no es únicamente a lo que se dedican. El asunto es más complejo y profundo. La detención de Juan Gerardo Treviño, sobrino del “Z-40” deja al descubierto que se aprecia un ejercicio para abrir espacio a los hijos del Chapo.

En el caso de Treviño el presidente no detuvo su aprehensión “para evitar muertes de inocentes” como con Ovidio Guzmán. En Nuevo Laredo la violencia desatada fue semejante a un área en guerra. La ciudad quedó paralizada por las agresiones del crimen organizado en este punto que significa el epicentro de acceso de las exportaciones de México a Estados Unidos. Las actividades delincuenciales se han infiltrado a organismos e instituciones del Estado.

No sólo es el “desecho de piso” al que se ven obligados establecimientos comerciales y escuelas, sino que controlan, por ejemplo, el Registro Público de la Propiedad en Michoacán en donde por cierto exigen comisión por cada kilo de tortilla, limones, aguacate o carne que se vende. En Cuernavaca ocurre lo mismo con el Sistema de Aguas, organismo que alimenta de líquido a la ciudad pero que el suministro y cobro está en manos de delincuentes.

Ya en el país se registran pueblos totalmente saqueados y en abandono, otros más dominados por huachicoleros o sicarios. Quedan en la memoria de Morelos la serie de narcomantas y fotografías de vínculo de gobernador con las bandas criminales y nada ha ocurrido. Hemos incluso denunciado la serie de atracos que ocurren en la colonia Rancho Cortés donde los vecinos sufren del robo de sus pertenencias, autopartes y bienes domésticos.

También e gran negocio de los impunes, ya sean de Ayotzinapa o de la CNTE es el robo en casetas de peaje federales, asalto y secuestro de camiones de carga y extracción ilegal de combustibles de estaciones expendedoras de gasolina.

En la CDMX se sabe de la delincuencia tolerada en Tepito, Buenos Aires, Tláhuac y Santo Domingo para mencionar unas cuentas. Estas últimas zonas bien, pero bien conocidas por Marcelo Ebrard quien fuera jefe de Gobierno y antes secretario de Seguridad Pública y Ricardo Monreal que estuvo al frente de la entonces Delegación Cuauhtémoc. En Tepito a ambos les conceden respeto y la Banda del “ojos” en Tláhuac tutea al canciller.