Carlos Ramos Padilla

Lo peor que nos puede ocurrir es vivir con miedo, pero así estamos o así nos tienen. Un miedo que llega a la desconfianza a todo y a todos. Cualquier cosa que hacemos, en donde participamos nos mostramos temerosos. Suena el teléfono es casa o registra número desconocido el celular y optamos por no contestar, ya son demasiadas las llamadas de extorsión, amenaza o venta de todo tipo de producto que llegan a la estafa y abuso como las telefónicas que hacen sin autorización la portabilidad.

Salimos a la calle y tenemos miedo que nos detenga una patrulla, que se nos cierre un vehículo de transporte público. El conductor de taxi nos ve como asaltantes, nosotros a él como secuestrador. Estamos paranoicos en los semáforos, no podemos llevar a una caseta de peaje porque nos intimidan encapuchados lo mismo que en nuestras universidades. Da miedo ver los noticiarios de televisión cargados de muertos y denuncias de corrupción.

Tenemos miedo que nos digan que no hay medicamentos para nuestros hijos en etapa terminal. Hoy hay pánico por el coronavirus. Es de miedo que toquen el timbre de casa y no importa si son los del INE o los de la basura que nos extorsiona para llevarse los desperdicios. Da miedo, un intenso miedo, la incompetencia del gobierno que no está hundiendo en la desgracia económica y la falta de seguridad. Los maestros tienen miedo que sus alumnos les disparen con un arma de fuego.

Las mujeres tienen miedo a los violadores y los niños a los sacerdotes pederastas. Los aficionados a los deportes les temen a las porras o “barras” para sentirnos argentinos. Ya poco nos saludamos, poco nos auxiliamos, perdemos vecindad, estamos aislados. Y lo más grave es que nos digan que esto es culpa del neoliberalismo o si comprobamos que el gobierno está fallando nos griten que “mentir es de conservadores”. Esto es para dar miedo, mucho miedo.

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