Carlos Ramos Padilla

Este domingo se registró un movimiento ciudadano, simultáneo, en varias regiones del país. Se mostró descontento y fue evidente que lo único que dejó en claro es que no sólo estamos divididos sino seriamente enfrentados. Por atacar o defender a un político parte de la sociedad ha caído en la confrontación majadera, innecesaria y peligrosa.

Pero no reconforta saber que a cinco meses del nuevo gobierno, personas tomen las calles para demandar resultados. Muy a pesar de la cortesanía que rodea al Ejecutivo adentro entre su gabinete ya hay inconformidades, contradicciones y confusiones. No hay logros, hay acusaciones.

No hay un sólo sector nacional que pueda afirmar que hasta este momento sea beneficiado. Por el contrario, cancelación de proyectos como e NAIM, la imposición de la refinería Dos Bocas o el Tren Maya, el crecimiento de la violencia y crimen, el estancamiento de la economía, el desempleo y el aumento de la inflación ya superan por mucho las ocurrencias de quitar pensiones a ex presidentes o viajar en líneas aéreas comerciales.

Los paseos triunfantes del presidente ya no se generan y en el ADN de la sociedad se guarda la información de aquella primera marcha “blanca” demandando a AMLO seguridad en la capital del país y su respuesta fue la de aplicar el famoso “pirruris “, al paso de los años convertidos en un ofensivo, despectivo, “fifí”.

Las llamadas “mañaneras” ese extraño ritual de hablar horas sin decir nada, ya se está descomponiendo. Los reflejos presidenciales son lentos, lerdos, con torpeza. El tejido de hechos y palabras, de promesas y resultados está fracasando. Son apenas dibujos, bocetos de ideas de gobierno que no se han consolidado a pesar de tener clara la situación del país desde hace 18 años, según el mandatario. Y desde esa posición no debe convertirse en corralón de corruptos ni en mesías de adeptos.

El compendio de frases hechas se está agotando y enfadando, ”me canso ganso”, “mi corazón no es bodega “, “abrazos ni balazos”, “amor y paz”, se acomodan ya en la burla vecinal. La moral es su propiedad pero se niega a dar cuentas.

Es curioso que un personaje que ha movido millones de pesos en su imagen, ocupando cargos de importancia como Jefe de Gobierno y siendo Presidente de una nación no posea ni una cuenta bancaria ni una tarjeta de crédito, lo cual nos hace pensar que todo lo paga en efectivo incluso sin estar en nómina.

El análisis a su gobierno, las críticas y las marchas públicas tendrían que resultar un riquísimo impulso para rectificar no para caer en la ilegalidad de los “memoranda” o en las advertencias de “mi dedito”. A contraoferta de la conclusión de varios observadores, la marcha no fracasó, es un aviso, es una señal.

El gobierno y la política no deben operarse a través de intimidaciones. El gobierno no tiene por qué dividir. La administración pública no se guarda en el cajón de buró de un gobernante. Son nuestros recursos y es necesario aplicarlos para todos, no primero los pobres, nada para los “conservadores” a cuentagotas a quienes aún conservan su empleo y deben ganar menos que el presidente, porque a los demás ya los expulsaron de su trabajo violando las leyes laborales.

México, como nunca, y a decir de expertos internacionales que aquí descalificamos, está a la deriva y los grandes inversores se están alejando. Ese es un negro pronóstico a corto plazo. Pero repito, quien no sepa o no se atreva o menosprecie la voz del “pueblo” está diseñado para la derrota.

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