Carlos Ramos Padilla

Muchos años de conocerla, de compartir y de entender algunas esquinas de la política, la de nivel, donde se trataban temas de en regadura para el país, en conversaciones cargadas de argumentos, hechos, histórica, fecha y pronósticos.

Siempre tranquila, observadora, muy observadora, monolítica, serena, así era María de los Ángeles Moreno quien privilegiaba a sus amigos ofreciendo lo mejor de ella. Siempre atenta, con una enorme retentiva y cuidando no lastimar, si enaltecer, no herir, si proponer.

Representó con fuerza a su partido el PRI,   fue en la historia la primera mujer en presidirlo. Sabía por profesión de economía y sirvió con dignidad y estatura como senadora de la República. También en el legislativo fue diputada y secretaria de estado en Pesca.

Egresada de la UNAM y con postgrado en los Países Bajos, también pisó los terrenos de Harvard. Su formación siempre fue abundante y eso hacia particularmente activos e interesantes los temas a debatir. No perdía el control, no tenía por qué hacerlo.

Gentil y una dama la recuerdo siempre levantándose de su curul para saludar a sus contrapartes de pie, con una especial sonrisa y su mano derecha extendida, la palma expuesta, los dedos firmas y agitándola levemente.

No usaba palabras altisonantes, no lo merecía su inteligencia ni la de los demás. Hay formas siempre de describir, de calificar, de compartir sin denostar. Tardes ricas de tertulias con MAM, así pocos le decíamos, muchos la conocían simplemente como María.

Estuve cerca de ella cuando me confió que ingresaron a su casa a robar. Estaba triste porque se dedicaron a destruir los objetos de mayor valor sentimental para ella. Fue un atentado que no merecía y que los sospechosos tenían nombre y apellido, ruines y chacales como siempre.

MAM vivió 74 años, fue estricta con su disciplina personal y política. Nunca traicionó a sus valores ni a sus ideales. Fue de esos políticos que necesitamos y muchos. Nunca comprometió a la nación.

Resulta muy difícil escribir sobre los amigos cuando se van, cuando no hay retorno. Uno nunca de imagina que algún día, uno de nosotros tienen que comentar, leer el obituario. En esta ocasión nos tocó a nosotros y cuesta trabajo, pero podemos presumir las nutridas horas que vivimos escuchándonos, riéndonos y sobretodo, aprendiendo. f

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