Carlos Ramos Padilla

No importan los colegas asesinados, la crisis económica, la confrontación con Panamá y España y el escándalo de la familia de AMLO sin que pueda explicar, menos informar, la serie de irregularidades. Los ataques se intensifican.

AMLO con todo el poder del Estado enfrenta a Loret de Mola y los sirvientes del tabasqueño ahora se enfilan hacia Lopez Dóriga usando a un extranjero, el españolito incómodo, con absoluto rencor y odio. No acabamos de asimilar el crimen contra seis colegas este año, aún no los acabamos de enterrar y ahora el mismo presidente coloca en enorme riesgo a la libre expresión y seguridad personal y familiar de los periodistas valientes.

AMLO está fuera de sí porque sabemos todos que el enfrentamiento es contra los que han trabajado y duro, contra quienes merecen salarios que representan a su talento, mientras que el Ejecutivo acepta que su hijo es un mantenido y tres de cuatro heredan hectáreas en Tabasco para une empresa chocolatera con serias sospechas de ilícitos, empezando por su financiamiento.

Morena ya giró instrucciones para evitar los temas centrales que manifiestan corrupción en los círculos más íntimos del presidente. AMLO parece empeñado en destruir a sus “opositores”. Libera al hijo del “Chapo” pero persigue a contribuyentes y ciudadanos por lo que ganan, porque le incomoda que otros sobresalgan y no coincidan con sus ocurrencias.

Lo he dicho, AMLO se está quedando solo y su sexenio será recordado por corrupto, ineficiente y mentiroso. El daño doméstico e internacional será histórico y la recuperación costosísima. AMLO no tiene la humildad de reconocer sus errores por el contrario muestra coraje y ataca sin piedad. Ningún miembro de su gabinete presume dignidad y valor suficiente para alejarse del pantano que está creciendo la 4T.

El mundo está reprobando la conducta presidencial y aquí ocurren dos cosas: los empleados de AMLO continúan como incondicionales y las instrucciones a sus reventadores   son muy específicas, insultar y acusar sin consideraciones en cualquier espacio y medio fundamentalmente en las redes sociales donde operan sus youtubers consentidos.

La confianza en el país se está desplomando en serio y no únicamente de los inversionistas sino también de los gobiernos. México ya es un país peligroso. Y al parecer aquí en casa estamos indefensos ante tanta belicosidad del gobierno que sin importar leyes, códigos o reglamentos legales vigentes atropella a los “incómodos”.

Los atentados a la Constitución y a la libre expresión son evidentes, falta y no mucho pare reprimir el derecho a la manifestación y a las garantías individuales. En las tres mega obras del sexenio habrá corrupción, está garantizado pero que lamentable que ahí están involucrados el Ejército Mexicano la familia presidencial.