Carlos Ramos Padilla
Frente a escuchas del Partido Popular Europeo, el expresidente Felipe Calderón ofreció una muy interesante plática sobre las actuales condiciones que prevalecen en México.
“El populismo revienta los países”, una idea fulminante que va más allá de la teoría política, sino que raya en una interpretación puntual e inequívoca de lo que los registros en el mundo exponen sobre aquellas naciones que intentan rescatar una mezcla de tesis marxistas, un tóxico y ya desaparecido comunismo y peor aún, un populismo que engaña y abusa de una población mayoritariamente poco educada y con muchas necesidades de carácter económico.
Calderón se expresó sin dudas y con un mapa geopolítico que dibuja el panorama retrógrado en México. Habla sobre la llegada de la izquierda, mencionando a López Obrador, y el desafío de frenar a la democracia controlando al 75% al poder legislativo y destruyendo por completo la estructura del Poder Judicial.
Señaló que arribaron al poder por errores del PAN y del PRI. Ilustrativo y plausible esta aseveración pero la pregunta es: por qué lo permitieron? López Obrador no apareció en la dinámica política así, de repente.
Desde joven fue un activo opositor incurriendo incluso en delitos como el cierre de vías de comunicación, tomas de zonas federales (pozos de Pemex) llegando hasta la burla de una presidencia legítima que convirtió al Poder Ejecutivo en un mecanismo de complicidad con el crimen organizado.
Manipular las elecciones paso a ser un segundo nivel en tanto el dominio casi absoluto se les entregó a las bandas del narcotráfico. Zedillo, Fox, Calderón y Peña lo sabían y lo permitieron. Los porros paristas universitarios fueron ganando terreno ante la negligencia gubernamental y el rompimiento de traidores al sistema imperante, a sus principios, formación e ideología ( me refiero a Cuauhtémoc Cárdenas, Muñoz Ledo, González Pedredo e Efigenia Martínez , entre otros) hicieron creer que con ellos se devolvía a México la moral, la integridad, la superación de clases vulnerables y que se acabaría con una desmedida corrupción.
Pero todo eso sirvió para que las desbandadas de arribistas de los mismos partidos que acusaban, se convirtieran en sirvientes de aquellos que se se llenaban los bolsillos hasta con ligas o que financiaban sus ambiciones políticas de dos maneras: robando “voluntariamente” el 10% de los salarios de los trabajadores o sirviéndose de la muy rica limosna de las drogas llegando al límite del huachicol, es decir, explotar solo a su beneficio los recursos de la patria.
Y repito, los presidentes en ejercicio constitucional lo sabían porque incluso amlo, como jefe de gobierno, determinaba la agenda nacional de acuerdo a los que determinaba “su dedito”. Hoy, todo lo que exponen en esta materia los expresidentes los implica en una responsabilidad directa. Incluso por lo antecedentes personales/familiares de amlo (involucrado en presuntamente dos muertes “accidentales”) hubiera sido suficiente para impedirle libre paso al poder político más importante.
Sus vacías cajas del supuesto fraude electoral, su plantón de Reforma, el caso Ayotzinapa, la sustracción ilícita de hidrocarburos, la corrupción en materia de vivienda luego de los sismos -incluso la extraña urbanización de Santa Fe-, la reservada información sobre la construcción de los segundos niveles de periférico, los “incidentes” que costaron vidas en el Metro y otros elementos eran evidencias claras de que las cosas no estaban dentro del marco de la ley.
Recuerdo incluso que camine junto a la familia Calderón/Zavala por Reforma demandando seguridad pública al gobierno de amlo para luego descalificarnos como “pirriruis”.Pero quienes tuvieron la facultad y privilegio de gobernar a México cometieron omisiones y negligencia. Dejaron pasar. Creyeron que su “pluralidad” política haría grande al país.
Entregaron el mando a estafadores, ignorantes, reventadores y corruptos (muchos de los funcionarios de sus gobiernos, luego morenistas). Dejaron que se perdiera la confianza en las Fuerzas Armadas y que el país enfrentara la más ridícula diplomacia. Calderón, que hoy da cátedra, permitió que por años se le calificará de “espurio” y de “alcoholico”, quizá en un mal entendido concepto de libre expresión que en las masas (no en las colectividades) tiene sus consecuencias.
Y aquí aunque no lo crea Don Felipe este populismo que intenta recuperar las esculturas de Fidel Castro y del “che” Guevara da permiso a la presidenta (con a) de proponer cambiar el nombre del histórico Paso de Cortés, situado entre los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl, por «Paso de los Pueblos Indígenas». Y luego se quejan que Trump le quite el nombre al Golfo de MÉXICO.