Carlos Ramos Padilla 

Se atribuye a John Edgar Hoover, quien fuera el primer director de la oficina federal de investigaciones de Estados Unidos la siguiente frase “entre la lealtad y la inteligencia me quedo con la lealtad” y concuerdo con ello porque con esto se involucra la fidelidad y el honor.  

Y una persona que carezca de estos elementos además de la gratitud y la memoria esta hueco y nunca será ejemplo. El lado contrario pero que se da es la traición, ese detestable acto de defraudación que resulta incalificable y pretextos, discursos baratos para llegar a ésta hay muchos, menos la hombría.  

Cuando alguien recibe cariño, cuando en la circunstancia que sea es rescatado, protegido, educado, reconocido, promovido, defendido y ascendido lo menos que puede es mostrar humildad y más aún cuando en el transcurso de los acontecimientos se va forjando otro factor que es de valor: la amistad. 

Cierto que al pasar los eventos hay hoyancos, bardas y tentaciones muchas, pero cuando prevalecen los principios y la ética, vamos cuando hay conciencia de lo recibido, se crece el individuo al negarse la oportunidad de repito mostrar alevosía, ingratitud, falsedad y vileza. Tal vez se dé espacio al arrepentimiento, a la conciencia de errores cometidos, pero estos tienen un límite que no admite la inyección de rencores, amarguras y hasta venganza.  

Solo uno, cada quien, sabe hasta dónde y cuándo supo manejar sus emociones y aceptar decisiones antes de caer en el camino fácil del desquite. Si es así la madurez no existió y mucho menos esa complicidad que sólo saben atender los seres humanos que sabe resistir toda prueba.  

Y estos no son párrafos destinados a subrayar a la moral, es simplemente observar de cerca y de lejos las conductas que aplicamos. Es atender el panorama y con toda calma ver a los personajes hasta dónde son capaces de automentirse y tratar de engañar a los demás.  

Para ser respetado y digno hay que conocer a fondo la lealtad sino pues a navegar sin rumbo, a descalificar a otros por sus errores, a tratar de subir desprestigiando y a vivir de vicios y de mentiras por ser incapaces de enfrentar la realidad. Es más, los desleales siempre dicen tener claro todo. Insisto, como Hoover entre la lealtad y la inteligencia me quedo con la lealtad.