Carlos Ramos Padilla

He visto solicitudes a los medios de comunicación de no manchar la digna manifestación de las mujeres y su legítimo derecho a exigir seguridad y respeto, con los ataques que células de encapuchadas lanzaron nuevamente contra instituciones, mobiliario urbano, monumentos nacionales, comercios, bancos, transporte público y jardineras. Esas que para entenderse llevaron bombas molotov, pistolas lanza combustible, chakos, piedras y mazos.

Encapuchadas, cobardes, que exigen lo que no dan al grito, en esta ocasión, de “nos están matando”. Su vocerío es distinto cuando atacan, por ejemplo, a Ciudad Universitaria. Mujeres que se mueven impunes a nombre de todas, ¡si de todas! Son las que a cada varón que tienen enfrenten lo señalan y acusan de ser un violador y son las mismas que este domingo al procurar robos y operar destrozos lanzaron la consigna “fuimos todas”.

No sé si la mayoría de quienes desfilaron aceptan esto, o lo toleran, o lo ven, pero piden omitirlo. No estoy de acuerdo, hay que decirlo, hay que denunciarlo y exhibirlas. Por el bien de todos demandar al gobierno les aplique la ley y sanciones que ameriten. No se debe permitir que empañen el esfuerzo de otras. No se vale que vivan en absoluta impunidad sobre el derecho de las demás. No se vale que oculten quiénes las financian.

No se vale, sobretodo, que a nombre de las víctimas violadas y asesinadas nos usen a todos los mexicanos para sacar su amargura, su frustración. No es justo que frente a viudas y huérfanas utilicen la fuerza de la destrucción para montarse en un movimiento de categoría. No se debe permitir que delante de una madre que perdió a su hija en el más ruin e infame acto de salvajismo estas encapuchadas arrojen combustible sobre otros semejantes o pinten los rostros de las mujeres policías.

También frente a esto todas las mujeres deben reclamar, denunciar, molestarse porque les están arrebatando espacios y las están poniendo en riesgo por cumplir caprichos de algún mercenario político que las paga. Así como hay delincuentes que eliminar de la vida activa del país, igual suerte debería correr estas embozadas sin escrúpulos. Extrañamos a nuestras mujeres este lunes, su ausencia fue notoria, pero la presencia de estos grupúsculos de inconformes vuelve a dejar una pésima imagen de nosotros como sociedad. Admiro a esas mujeres anónimas que en la marcha se enfrentaron a las encapuchadas para evitar destrozos.

Mis respetos a la comunidad universitaria del CCH Naucalpan por expulsar de sus instalaciones a estas mismas, las encapuchadas. Necesitamos mujeres líderes que muestren el camino del cambio, de la resistencia a los abusos, esas damas que forman hogares, dan valores a los hijos, que merecen la consideración y respeto de todos.

Y de esto último se sumaron miles y miles en las calles este domingo. Pero también recordar qué hay prisiones para mujeres, esas que no saben cumplir con los códigos que nos rigen como comunidad. Esas mujeres que hoy se trepan sobre inocentes asesinadas sin ningún tipo de moral.

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