Carlos Ramos Padilla

Tenía el firme propósito de no analizar lo que AMLO llama “informe” pero mantenerme alejado es convertirme en cómplice de un sujeto que engaña y muestra su patología, soberbia y amargura.

AMLO vive un universo paralelo a la realidad nacional. Él se la pasa atacando a otros, pero presumiendo lo que hace (la llama récord histórico). Es un personaje que miente constantemente considerando que la población además de sumisa es ignorante.

A quienes piensan los descalifica, los insulta y menosprecia. Este es un gobierno que ya suma más de 260 muertos por la pandemia, mantiene a un ineficiente funcionario como Lopez Gatell, recibe saldos de dosis de otros países porque aquí corto los apoyos a la investigación, pero presume que se está vacunando a más de un año de establecerse a este mal como pandemia por la OMS.

Calla ante el acto criminal de engañar a personas de la tercera edad con la vacunación que no les aplican y protegen a estos “enfermeros” en lo que es considerado un acto intencional y criminal.

Miles de mexicanos buscaron vacunación fuera del país por las torpezas y mentiras del gobierno. Lopez Gatell cuando apenas se contabilizaban 20 mil fallecimientos señaló que llegar a 60 mil sería una tragedia y de manera cínica, sin cubrebocas se va de vacaciones en plena crisis.

Cómo aceptar que el gobierno presuma lo que no produce ni es suyo: las remesas. Este es un acto vergonzoso, son recursos de compatriotas que envían a sus familiares ante la incompetencia del gobierno para garantizar una vida digna a esas personas.

AMLO lo ve como un “récord histórico” a presumir. No el gobierno, sino un presidente que da la orden de liberar a uno de los criminales más buscados, a un capo de la droga y permite que la violencia siga multiplicándose en el país, ese si es un récord histórico y una determinación tomada con franca alevosía y acusando que de no hacerlo “morirían muchos inocentes”, sí, como los inocentes que fallecieron en el desplome del Metro y no aprehenden a los responsables.

Uno de ellos, Ebrard que va a recibir a refugiados afganos, pero es incapaz (y sabemos por qué) de pararse en Tláhuac para auxiliar a las víctimas de la tragedia en el transporte público.

Vemos como la Guardia Nacional violenta los derechos humanos de migrantes y la CNDH en absoluto silencio como también así actúa ante la crisis en Notimex o de los despedidos de la misma dependencia.

Un gobierno que presume “aportaciones” cuando se trata de abiertos actos de corrupción con la entrega ilegal de fajos de billetes que ni siquiera fueron reportados al SAT.

Un presidente presumido pero que no tiene ningún mérito, ni tacto, ni vergüenza para atender la urgencia de niños en fase terminal por cáncer.  

A tres años un gobierno que sufre descalabros electorales, que no supera las cifras de administraciones anteriores, que lleva al país a una recesión económica con niveles récord (históricos) de desempleos, que protege a la jefa de Gobierno cuando nunca antes la CDMX había padecido tantos atracos y una pésima calidad en los servicios urbanos.

Una metrópoli con policías corruptos, llena de baches, con limitaciones a manifestaciones cuando son contrarias al gobierno, consentidor de grupos anarquistas y con gravísimos accidentes e incendio en el Metro sin que al parecer se presenten consecuencias.

Un gobierno que canceló el aeropuerto de Texcoco bajo la sombra de la corrupción que nunca ha probado. Un gobierno que engaña cuando “inaugura” obras en Santa Lucía y se trata de pistas que usaba el ejército en sus maniobras militares.

Un gobierno que ya no sabe qué hacer con el avión presidencial que no ha vendido, fingió rifarlo y lo usa de transporte de carga para nuestra participación como nación en los Juegos Olímpicos de Tokio.

Un gobierno aliado a Cuba, a Venezuela y se enorgullece de ofrecer asilo a un expulsado y perseguido como Evo Morales. Tenemos un presidente que festeja comer con familiares de delincuentes, un presidente que intenta destruir a la libre expresión, pero dice que la defiende.

Un presidente que calle, no presume, las constantes explosiones en instalaciones de Pemex e incendios en las de CFE, por cierto, engaño con la supuesta renuncia de Romero Deschamps como trabajador de Pemex, pero no informa porque no hay canales de investigación a su enriquecimiento inexplicable y cuál fue el pacto para protegerlo.

Un presidente que quiere imponer hasta el béisbol como deporte nacional y recibe sonora rechifla en el estadio de los Diablos Rojos acompañado por otra de las consentidas e impunes de la 4T: Ana Gabriela Guevara. Un presidente que expresa “ya chole” cuando se le interroga porque los compadrazgos y protección a sus cuates que buscan cargos de elección popular.

Un presidente que se dice “pacifista” pero que persigue políticamente a expresidentes, a exsecretarios de Estado, a directores de para estatales y a excandidatos a la presidencia. Un pacifista que deplora a los periodistas y a los comunicadores como también a los licenciados (traidores a la patria) o a los médicos que acusó de usureros en sus consultas particulares.

Un presidente que nos engaña asegurando que los daños, todos, de la línea 12 del Metro no nos costarán a los mexicanos cuando ya lo pagamos con nuestros impuestos y se toleran las criminales decisiones en su construcción, ahí no hay denuncias penales, solo acuerdos de intereses políticos.

En fin, un presidente que anda por el mundo demandando disculpas y ganando burlas. En fin, una historia, repito, al paralelo, que no nos reflejan la realidad que se vive fuera de su casita, el Palacio Nacional, que ni le pertenece ni lo hace el humilde que vende como estrategia también de engaño.

Un presidente que asfixió al país cerrando las válvulas de suministro de combustibles bajo la promesa de acabar con los huachicoleros y bajar los repudios y tarifas de la gasolina. Un presidente que nos cuenta lo que quiere (“tengo otros datos”) y que nadie de sus cómplices en el gobierno es capaz de renunciar por dignidad, decoro y honor ante la nación, incluyendo al Ejército.

Por esto y más caí en la tentación no caer en el juego de AMLO al que le conviene que loa periodistas callemos y sus incondicionales lo adulen.