Carlos Ramos Padilla / @cramospadilla

Por más que se esconda en su terquedad, AMLO está desesperado. Ya perdió la brújula, ya está pasando límites y fronteras que lo llevan a la desesperación, pero al enfado que resulta peligroso por su amplia necedad de hacer las cosas sólo como él quiere. La Reforma Electoral lo tiene acorralado y más cuando observa que políticamente Ricardo Monreal le está ganando en el mosaico político y en la cordura.

Pero se le empaña más el escenario al presidente cuando envuelto en contradicciones y mentiras con Marcelo Ebrard, el conflicto peruano le estalla de frente por su injerencia e imprudencia.

AMLO se dispuso incluso a cuestionar las leyes peruanas y confrontar a su Congreso. A él, solamente a él, le molestó que aprehendieran a Pedro Castillo. Por su absoluta decisión ordenó dar asilo al golpista que seguro aquí lo recibiría como “hermano” y le daría las llaves de la CDMX ante el servilismo de Sheinbaum.

AMLO se atreve a desconocer a la naciente presidencia peruana y esto está muy mal calificado en el mercado internacional. Lo grave es que el conflicto personal de AMLO y sus amarguras lo traduce en cuestionamientos a su gobierno y al país.

Podría correrse el riesgo de que se llegue a expulsar al embajador de México en Perú por interferir con los normales legales que los rigen. Las consecuencias para nuestro país se antojan oscuras y seguimos perdiendo credibilidad entre las naciones de alto desarrollo que se preocupan por sus poblaciones y evitan interferir en asuntos exógenos. Parece que AMLO olvida por cumple yo la máxima universal de Juárez “entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”.

AMLO que se dedique a apagar tanto incendio político, económico y social en México. La violencia y la pobreza continúan multiplicándose y que Cristina Kirchner se entienda con sus autoridades al igual que Pedro Castillo.

AMLO juramento cumplir los ordenamientos jurídicos en nuestro país y hay un rezago impresionante. Su sexenio continúa a la deriva y cargado de imposiciones. Chile y Brasil sus antes aliados le dan la espalda y por lo pronto Perú lo desafía a visitar su suelo cumpliendo un compromiso moral pero además legal para hacer entrega de la presidencia de la Alianza para el Pacifico.