Carlos Ramos Padilla

Los señalamientos derivados de investigaciones y declaraciones en Estados Unidos han puesto en jaque a la política nacional. Independientemente de cualquier acción legal contra los implicados, se comprobó la conexión del gobierno de AMLO con grupos delincuenciales y la altísima corrupción dentro de las esferas de la burocracia. La danza de millones es verdaderamente impresionante y nada comparable con lo que se sospecha que saquearon en otros sexenios. Caerán como naipes, y muchos se preparan para huir y convertirse en prófugos.

Las advertencias son muy claras. Los señalamientos de lavado de dinero a bancos privados son la antesala de explorar las operaciones del Banco del Bienestar. El AIFA ya es señalado como un centro de operaciones de aviones de Venezuela e Irán para el trasiego de drogas. Las dependencias públicas están bajo la lupa de severas auditorías, incluyendo aduanas y migración. Las listas de sospechosos, no importa si son 15 o 40, ya involucran nombres de políticos, empresarios y militares. El caso del General Cienfuegos se convierte en un dolor de cabeza para el oficialismo.

Lo que ocurre en estos momentos es que el gobierno reduce la confianza y su capital político. Morena está en riesgo de perder gubernaturas y las elecciones intermedias de 2027. El peor error cometido es creerse superior a las leyes. Pemex tendrá que rendir cuentas de cómo pasó de ser una industria que soportaba la economía nacional a una quiebra insultante. El gobierno deberá rendir cuentas sobre el otorgamiento de combustibles a Cuba y a cambio de qué. En algún momento se concluirá con la «reserva de información» del Jumbo que despegó de México con terroristas iraníes y fue boletinado por autoridades internacionales.

Las finanzas nacionales no se estirarán más, ni para mantener el programa de jubilaciones ni para sostener las obras faraónicas que son un barril sin fondo. Poco a poco, los ahora petardos serán granadas de expansión que tocarán a personalidades que se han creído impunes y protegidas. Cayendo uno, caerán otros. Cada vez es más recurrente aquello de que «solo no me voy», y saben bien que no todos, sino la mayoría, para salvar el pellejo o en su caso reducir sentencias, «soltarán la sopa». La traición los ha caracterizado y no veo por qué tendría que modificarse esa conducta. Este, quizá, porque así lo han permitido ellos, es el inicio de sexenio más endeble, tropezado, cuestionado y perseguido. La habilidad de mentir se está agotando, y la protección a los todavía incondicionales costará muy, pero muy caro.