Carlos Ramos Padilla

Los muchachos, los estudiantes de verdad del CCH Naucalpan impidieron que sus instalaciones fueran violadas, secuestradas, tomadas por un grupo de MUJERES encapuchadas. Al grito de goooya fueron expulsadas y los jóvenes regresaron a sus actividades. Fue un claro ejemplo de pundonor, de categoría, esas dos cualidades que les hace y mucha falta a las autoridades que no se atreven a gobernar, a imponer la ley, a respetar el derecho de los demás, incluyendo el de estudiar.

He preguntado consistentemente cuándo el gobierno federal y el local (CDMX) se van a solidarizar con el rector Graue y con toda la comunidad estudiantil, pero pasan los días y no hay respuesta, esa agenda nada les importa sólo si y únicamente sí, alteran el orden estructural de la Máxima Casa de Estudios, arremeten contra la autonomía y destruyen los procesos de selección para ingresar a la Institución. Lo han intentado en varias ocasiones.

Y no hace falta que violenten el campus para detener a los gandallas, estos que deben estar bien identificados por las autoridades, son los mismos que atentan contra establecimientos, propiedad privada y monumentos nacionales en toda la ciudad. Y aquí no se trata de voluntad política, es obligación constitucional y es ejercicio de aplicación de la ley.

En las madrugadas se piden abrazos desde Palacio Nacional, pero los incondicionales trabajan para desmantelar instituciones. No han podido ni podrán con la UNAM, pero ahora se desvían algunos grados para atacar al INE. Arrebatan igualito a las encapuchadas.