La democracia tiene que nacer de nuevo cada generación,
y la educación es su comadrona.
John Dewey
Víctor Sánchez Baños
Una mentira repetida mil veces busca convertirse en verdad. Esa es la estrategia de los gobernantes de la Cuarta Transformación. El tema central es la bandera propagandística de la campaña de Andrés Manuel López Obrador: asegurar que acabaría con la corrupción durante su gobierno.
Con frases como que la casa se limpia de arriba para abajo y otros lugares comunes convenció a cientos de miles de mexicanos, quizá millones, que estaban hartos de ver como se enriquecen los políticos a costillas del pueblo.
Pero ese hartazgo no es privativo de quienes votaron por Morena, sino de todos los mexicanos. Nadie justifica que la clase política gane millonadas, mientras el resto del pueblo esté sumido en la pobreza e, incluso, en la miseria.
El INEGI dio a conocer la Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental, que se refiere al impacto de la corrupción en actividades de particulares con entes de gobierno en los tres niveles: federal, estatal y municipal.
Ojo, sin investigar la extorsión gubernamental de la cual son objeto las empresas en México, ya que los datos no son claros, ni mucho menos, son fácilmente documentados, ya que ello implicaría responsabilidades penales también para los directivos empresariales.
En 2019, 15.7% de las personas adultas que tuvieron contacto con servidores públicos fueron víctimas de corrupción. En ese mismo año 6 mil 154 servidoras y servidores públicos fueron sancionados: 44.6% estaban adscritos a instituciones de la administración pública federal y 55.4% a las administraciones públicas estatales. Además, en ese año ya en el gobierno de AMLO, el 5.1% de las empresas tuvieron experiencia directa de actos de corrupción en 2020.
Sin embargo, ahora el INEGI no habla del impacto de la corrupción en las empresas. Sabemos que hay una encuesta que se realizó en ese instituto, pero que no lo divulgó públicamente.
El instituto, que tiene su sede en Aguascalientes, ve que la percepción de corrupción, además de la victimización y la incidencia, sigue siendo muy elevada, ya que nueve de cada 10 personas en México la perciben como frecuente o muy frecuente, toda vez que los actos de corrupción le costaron a los mexicanos poco más de 9 mil 500 millones de pesos.
El 86.3% de la población consideró frecuentes los actos de corrupción en las instituciones de gobierno, mientras que 14.7 por ciento de la población que realizó trámites, pagos, solicitudes de servicios, o bien, tuvo contacto con algún servidor público, experimentó actos de corrupción.
La línea discursiva de López Obrador se enfocó en la corrupción. Acusó a los fifis, a los neoliberales, a los empresarios y todos aquellos que no simpatizan con su gobierno.
Sin embargo, ese fenómeno, endémico en todas las sociedades, tiene un campo fértil en México, donde los políticos y los entes de gobierno obtienen carretonadas de dinero. Funcionarios públicos, así como diputados locales y federales, así como gobernantes, de la noche a la mañana se convierten en ultramillonarios.
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