Hay quien cruza el bosque y sólo ve leña para el fuego.
León Tolstoi
Víctor Sánchez Baños
La ambición de poder de quienes nunca lo han tenido, es desmedida en los tiempos modernos.
Lo dijo, como engaña con la verdad, el presidente López Obrador al perder las elecciones del 2006, que “al diablo con las instituciones”, ahora pretende hacerlo realidad.
Ya acabaron con instituciones públicas como el Conacyt, o Notimex, que no les sirven a sus intereses políticos de poder y dinero. Primero, quiere acabar con los órganos autónomos, que sirven para disminuir el poder de los presidentes en turno. Luego iría por las universidades públicas y hacerlas que dependan de los gobiernos, como lo han logrado en sus estados los gobernadores morenistas. Después, acabarán con la educación que loa padres quieran darles a sus hijos. Acabar con las libertades.
En el gobierno de la Cuarta Transformación, el objetivo es derrumbar las instituciones y lo está logrando.
En su mira esta la Universidad Nacional Autónoma de México, que está ahora bajo la rectoría de Enrique Graue.
Si bien la UNAM no es un ejemplo de democracia a su interior, si es el orgullo académico de nuestro país a nivel internacional. Yo estoy feliz de haber egresado de una institución que está dentro de las mejores del mundo.
Claro, ese reconocimiento lo ha logrado gracias a sus catedráticos, investigadores y sus egresados.
Como en todos lados, sin que ello sirva de justificación, en nuestra amada Universidad, desde la llegada a la rectoría de Jorge Soberón, a bordo de la mano el grupo de la Facultad de Medicina, que no ha dejado el poder dentro de esa institución. Esto, hasta la fecha.
Lo ideal es que soltaran la rectoría para otras facultades. Sin embargo, en estos tiempos donde el gobierno de la 4T quiere controlar la rectoría, aparecen otros personajes de facultades que tradicionalmente han tenido que someterse a los grupos políticos de izquierda e incluso a la delincuencia organizada que utiliza el campus como su mercado sobre pies.
Los ataques cotidianos de López Obrador contra la UNAM, no se deben a su fallido paso por la Facultad de Ciencias Políticas, sino a un objetivo para controlar el sitio donde se generaron los últimos movimientos sociales, políticos y armados del país. El semillero de “aspiracionistas” que se identifican con la clase media.
Ahí está el riesgo que tienen aquellos que no quieren un desarrollo armónico de la sociedad. Quieren simplemente tomar el control de todos los sectores que puedan identificar como un peligro para las aspiraciones de perpetuar el grupo político que llego y que se dice de izquierda.
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