Miguel Ángel López Farías

Culpar al COVID-19 por lo que ya se había cantado y que se configura como una crisis económica es abusar de la memoria. El presidente tuvo que aminorar sus promesas desde Oaxaca y dejar sobre la mesa un tibio «a ver cómo nos va».

Pues nos va ir tal y como se ha venido pronosticando, a México no se le avizora un futuro prometedor, y no solo hay que aparentar lo del virus y el desplome del precio del petróleo, sino a una ruta de yerros que desde la 4T se implantó, este sexenio inicio con la aplicación de «machetazos » a la economía, amputaciones que frenaron al país y lo colocaron en una cruda recesión y lo que menciona el mandatario sobre COVID-19 y crudo vino a darle la puntilla a lo que ya venía muy mal.

El viacrucis se dio inicio cuando se tomaron decisiones sobre las nubes de un populismo trasnochado, pues en aras de acabar con la corrupción se tomaron rutas suicidas, hoy solo respiramos ese clima gracias a que no se ha sabido conducir al país en una ruta de conciliación y de practicidad política.

Malas noticias son el que AMLO reconozca que sus promesas sencillamente no verán la luz, su plan de transformar todo ya murió, no habrá legado y si la concreción de que nuevamente volveremos a ser el país del «ya merito».