Miguel Ángel López Farías
¿Debe ser amoral, reprobable o contrario a la lógica el que los dueños de los medios de comunicación se manejen de acuerdo a sus muy soberanos y libres intereses? ¿Deben ser ajenos a la búsqueda o aspiración del crecimiento de sus empresas? ¿Traicionan el espíritu de la libre competencia y la naturaleza de la información si los propietarios de los medios efectúan convenios económicos y /o sociedades con gobiernos en aras de la consolidación de sus metas empresariales?
¿No acaso, un jefe del ejecutivo, realiza la misma tarea (ahí si amoral) de emplear el dinero público para hacer exactamente lo mismo que critica de los dueños de los medios y utiliza la fuerza del estado aplicando recetas propagandísticas para adoctrinar a sus seguidores? ¿Qué son las mañaneras?
La narrativa presidencial arroja desesperación ante la caída de su proyecto y eso lo está llevando a “machetear” a todos aquellos que no acepten los mandamientos, eso lo palpamos y muchos lo sufrimos, solo que la desesperación adquiere tufo de locura.
La cruzada presidencial es en contra de periodistas y sus medios, es un ataque frontal y despiadado, comenzó con la asfixia económica, cerrando la llave de la publicidad oficial, misma que sirve para que un GOBIERNO difunda sus logros, pues de otra manera el gran público jamás se enteraría ya que, si nos atenemos a los medios de comunicación del Estado, sencillamente carecen del impacto de penetración social.
Pero esta explicación no es aceptada en la psique de un dictador, el autócrata sólo acepta su versión y esa ventana donde observa “su realidad” no empata con las reglas de la democracia, lugar que, por cierto, se fortalece con el valor de todas las opiniones, así sean las más ácidas.
Si el dueño de un medio, sea EL UNIVERSAL, sea el SOL DE MÉXICO, sea EL FINANCIERO, el REFORMA o en gremios como la poderosa ACADEMIA NACIONAL DE PERIODISTAS DE RADIO Y TELEVISIÓN, si sus líderes deciden publicar o hablar de lo que para ELLOS signifique de peso en sus estrategias e intereses, bajo el constitucional amparo de la libertad de expresión, debería ser el jefe del ejecutivo el primero en proteger ese baluarte, pues no debe olvidar que en sus años de campaña, el mismo exigió que la democracia fuese efectiva y cabe el dato que para que las reglas sean parejas, todos deben jugar, hasta los que el mismo desprecia.















