Miguel Ángel López Farías
Hace poco nos preguntábamos el ¿Qué opinan los habitantes de las rancherías o municipios de Michoacán sobre la inauguración del AIFA? Me centro en esas regiones del estado cuya vida gira en torno a la brutalidad de las matanzas y el orden impuesto por los distintos cárteles de las drogas, y da igual el que se esbocen en autodefensas, la ruta y sus salidas llevan a el mismo lugar: una bestial crisis de violencia que ni en las épocas de Calderón se habían vivido ni en ese estado, ni en ninguna parte del país.
Por cierto, el día de ayer, la cifra de víctimas mortales llegó a más de 129 mil muertos, rebasando en tan solo tres años a la misma cifra que se registró en todo el sexenio de Felipe Calderón.
Michoacán, uno de los estados más importantes del país, se encuentra en la peor de sus escenarios, arrebatada por el crimen y olvidada por el Estado Mexicano, el cual, no por falta de fuerza o de elementos, sino porque para esta administración, las vías de contención no pasan por las herramientas de la inteligencia u operativos que demuestren que el gobierno federal y el estatal tienen la voluntad de solucionar esta pesadilla.
Este fin de semana, en un palenque clandestino fueron asesinadas 20 personas, matazón entre bandas rivales, la familia michoacana contra cabecillas del CJNG… la misma historia, los mismos apodos o membretes que han hecho sucumbir a un estado de la República.
Robo, secuestro, un carnaval de metanfetaminas y el público tráfico de esas drogas y todo lo que usted se imagine, extorsión a productores de aguacate, limón, de hecho, no existe una rama del comercio que no haya sido atacado por el enjambre de cobradores de piso…
Michoacán es el perlario de estos tiempos brutales y peor, de uno de los gobiernos que no solo no decidió proteger a los ciudadanos, sino que abrió los brazos para recibir y tolerar a un elemento tan poderoso como el crimen organizado. Michoacán supura violencia, pero en niveles superlativos, sin embargo, no es distinto a el estado de Morelos o Veracruz, Guerrero o Zacatecas… regiones que viven minutos de agonía y la peor de las incertidumbres.
Para el presidente parece no importar la suerte de estos mexicanos y lo hace saber al
hacer lo que le toca: garantizar la seguridad de las y los mexicanos, pero ha aplicado una fórmula irresponsable, deslizar la idea de que los que se matan y mueren traen el sello de que se lo buscaron por estar de lado de los malos… tal vez sí, pero el Estado Mexicano debe evitar que se balaceen alegremente.
Y no solo las decenas de ejecutados en Michoacán son el triunfo del imperio de los narcos, sino que para Palacio Nacional importa más sostener frentes de batalla en contra de sus enemigos, periodistas, empresarios, imaginarios conservadores y deja pasar a la sala a los auténticos enemigos de México: a los criminales, sus invitados sexenales.













