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Picotazo Político / ¿Y qué México queremos?

Miguel Ángel López Farías

Es claro, no será bajo las reglas de la 4T como se logre potenciar al país, el cuerpo nacional se encuentra fracturado, dividido, un ambiente así no ayuda, máxime si en la psique del mandatario se aplica una sola receta: la confrontación.

La aritmética no engaña, le queda poco tiempo al presidente para alcanzar un piso mínimo de cambios, ni mencionar la prometida excavación profunda en la Carta Magna, solo tienen algo en mente, que lo que sucedió en la CDMX no se contagie en el resto del país, los aires en palacio son de un “rescatamos lo que se pueda” y ello implica echar a andar toda la maquinaria cuatroteista para que la elegida no pierda (lo del “Gas Bienestar” es solo el principio de ese operativo ,no dude que regalaran tortillas).

Por ello, las mentes pensantes de este país necesitan construir las primeras maquetas para los siguientes años, referirnos exclusivamente a lo económico o de los brutales niveles de violencia es atender los efectos de las  causas que mantienen postrado a este país, el rencor social y sus múltiples manifestaciones (muchas de ellas mantienen a millones en una tóxica aceptación de que “lo que sea y de quien sea está bien”), México lleva años negándose a sí mismo, respirando dramas y concluyendo que la figura de un ser mítico, Tlatoanica es la única solución, mentira, ese patrón de conducta no nace con López Obrador, desde Lázaro Cárdenas se instaló la doctrina paternalista, creando masas que son mantenidas por el gobierno, por ello los populistas tienen éxito, su “clientela” está perfectamente domesticada y no hará mayor cosa por salir de esa situación.

Hemos llegado a la cúspide de las distorsiones nacionales, los alimentos diarios son sangre e hipocresía política, se asentó un modelo de gobierno que le ha significado a todos un serio retroceso.

Es vital que se discuta un nuevo rostro de nación, que nazca de un pacto general, con miras a el despeje en el 24 y que abrace con honestidad los valores de la diversidad de pensamientos e intereses políticos, que sume y que plantee nuevas reglas para todos, un pacto realmente incluyente y progresista.

En España lo hicieron bajo los dos pactos de la Moncloa, enterraron sus diferencias, avanzaron con un auténtico sentido democrático y pusieron propulsores a su economía. Pasaron de la Noche de la violencia y la pobreza a una España boyante y madura.  

México tiene, tenemos, el mayor reto de nuestra historia.