Miguel Ángel López Farías
La semana anterior hice referencia a la reforma energética (contrarreforma vs Peña Nieto), mencioné que detrás del truco “amloista” se esconde la intención de tener todo el control de las reservas de litio en el país, no cederlas a particulares ni hoy ni nunca, un acto patriotero de este gobierno.
Una administración que desprecia la ciencia y la investigación, misma que nos serviría para crear la tecnología adecuada y aprovechar el Litio… y ni siquiera sabemos si terminarán el tren maya o “Dos Bocas” mucho menos sabemos si algún día veremos una planta procesadora de baterías de litio mexicana.
En la contrarreforma energética encontramos argumentos engañosos, el vocero de presidencia, Jesús Ramírez, juega con las tarifas domésticas, señalando que un particular paga más que grandes compañías como Walmart, Oxxo, Bimbo, FEMSA, etc., la propaganda goebbeliana de Ramírez machaca una mentira para que se entienda como verdad, es falso que estas compañías “estén robando energía eléctrica“, pues en realidad han contratado a empresas privadas que generan esa energía y de la venden a estas cadenas y lo hacen mucho más barato.
A eso se le conoce como libre competencia, y si no me equivoco, todos querríamos pagar menos por la luz, pero al quedar en las fauces de una CFE corrupta y contaminante, los usuarios de a pie estaríamos atados a sus tarifas.
Basta aplicar el sentido común para entender que la narrativa cuatroteista es tramposa, pues nada indica que en manos de una CFE el consumidor doméstico pagará menos, esa misma historia nos la vendieron con la gasolina, los engañabobos juraron acabar con los gasolinazos y chequen ustedes cuánto cuesta el litro de gasolina, o el engaño de bajar el gas doméstico con un programa como el de “gas bienestar”.
No podemos seguir comportándonos como la mujer golpeada que le cree al marido que ahora si cambiará y nunca más le pondrá la mano encima, eso no pasa.
Y si la CFE del “zar inmobiliario “Manuel Bartlett impone su modelo de cobros a las empresas, estás, al adquirir “la luz” cara, dirigirán este aumento al consumidor final, a sus clientes, en un bucle inflacionario que terminará por impactar el bolsillo de todos, pero sobre todo de los más pobres.
Esto de la contra reforma energética se convierte en un rubro de franca desconfianza, pues resulta muy difícil de aceptar que un Tony que vomita corrupción e inexperiencia sepa llevar a buen puerto la salud económica de los
Hogares mexicanos, sobre todo cuando se empeñan en una receta que promete tarifas caras y un retroceso en la lucha en contra del cambio climático.