Miguel Ángel López Farías

11 de enero de 1858, el conservador Félix Zuluaga da un golpe de Estado a Ignacio Comonfort, inicia la guerra de tres años, México se ve sumida en una de las cuentas sangrías entre hermanos, la batalla se dio de manera frontal entre conservadores y liberales. Todos los gobiernos del mundo, incluyendo los Estados Unidos reconocieron a Zuluaga como mandatario. El presidente de Norteamérica era James Buchanan, un recio promotor de la esclavitud y con ganas, muchas ganas de hacerse del control de su vecino del sur.

Benito Pablo Juárez García, encabezando a los liberales envió a un agente encubierto a Washington para negociar su apoyo. De manera paralela el embajador de EU en México le ofreció a Zuluaga entrar en negociaciones para que todo Baja California, Sonora y parte de Chihuahua se sumarán a las barras y las estrellas.

Félix Zuluaga, conservador y toda la cosa, bateo al representante de la Casa Blanca, el mismo diplomático tiro lazos hacia Juárez, prometiendo apoyo de Buchanan hacia el movimiento juarista.

En marzo de 1859 llega a Veracruz el senador Robert McLane para formalizar los acuerdos.

El 18 de diciembre de ese mismo 1859 McLane firmó con el michoacano Melchor Ocampo un tratado que permitía el derecho de tránsito a perpetuidad, no solo del istmo de Tehuantepec, sino otros dos más,

Una ruta de Guaymas a Nogales y la última, muy larga, de Matamoros hasta Mazatlán. El «chistecito» incluía la presencia de tropas de los EUA en esas vías, así como los gastos a cargo del erario mexicano, y espérese, esto no era todo, todos los productos gringos que fueran introducidos a nuestro territorio estarían exentos de impuestos, a cambio de todo esto, el gobierno de Buchanan otorgaría un crédito de 4 millones de dólares a Juárez para echar a andar su gobierno.

Solo que en una sesión celebrada en mayo de 1860 el senado de Norteamérica negó su aprobación debido a que la mayoría antiesclavistas no deseaban darle más fuerza a su adversario Buchanan, así llegamos al 11 de enero de 1861, fecha cuando Juárez se instala en Palacio Nacional, ojo, esto no hace traidor a Juárez, quien fuera víctima de la brutal necesidad de recursos económicos para elevar su proyecto.

Solo que terminó entregando el alma, la ejecución en el cerro de las campanas del emperador Maximiliano de Habsburgo, fue el guiño de Juárez a la instrucción de EUA de no permitir a ningún europeo tratando de gobernar en lo que los americanos han considerado por décadas su patio trasero. El espejo de la historia no engaña, hoy, que todo se confunde y todo se difumina, en que los días son de discusiones banales sobre si el presidente AMLO se equivoca o no en sus mañaneras. Es importante asomarnos a este increíble ejemplo de lo que los EUA han hecho, de acuerdo a sus intereses, y no es que sean el craken que nos tragará hasta el fondo del mar, así son, es su naturaleza de control, y que nos deberíamos comenzar a preguntar sobre el apoyo de Trump a su homólogo de México en todo este tema del petróleo, de los nuevos bloques comerciales, de la franca asistencia de la Casa Blanca hacia nosotros.

No está mal cuestionarnos, y ¿A cambio de qué?  ¿Qué habrán de controlar sin cortapisas? ¿Qué recursos naturales nuestros están ya en la bolsa de los intereses norteamericanos? ¿El espíritu de Juárez sigue aconsejando al actual inquilino de Palacio?