Miguel Ángel López Farías 

Y para la economía, las vacunas no llegan. No es poco el enojo y la frustración de muchos empresarios en contra de este gobierno, millones de pequeños y medianos, de los que generan empleo y no les alcanza para pagar grandes despachos de contadores para evadir impuestos tuvieron que cerrar, cierto, empujados por la pandemia pero que ya mostraban sendos tumores en el organismo de sus finanzas debido al desprecio de la 4T hacia este sector.  

El 94 por ciento de los cerca de 4 millones que existen en México no recibieron ningún tipo de ayuda oficial (sumemos el que tan solo en el 2020, más de un millón de ellos cerraron). Se trata de un desastre que aún no salpica en el mapa nacional, pues el grueso de la sociedad respira el susurro de el “sálvese quien pueda”, absortos en no morir y si el cielo ayuda, que les toque la vacuna.  

Pero las fracturas expuestas en la economía no tardarán en llevar a millones de mexicanos a un nivel visible de furia, y el gobierno de Morena (este sí totalmente conservador) conoce en documentos de sus propias mediciones que para el proceso electoral se les viene un talud de votos de castigo.  

Pocas cosas pueden ser ocultadas como lo son el dinero y el amor, y también cuando hacen falta el paisaje cambia, las expresiones de nuevas olas de desempleados, de niveles históricos en la inflación y de los cientos de miles de empresas que se encuentran en el ante sala de ejecuciones refleja el brutal error en el manejo de este país en materia económica.  

Basta recordar el 2019 y su decrecimiento, o sea, menos de cero y para este 21 el socavón será aún más profundo, ya “sin guardaditos” tal y como lo advirtió el secretario de Hacienda Arturo Herrera. 

No existe ningún indicador que haga referencia de un avance o éxito de este gobierno en el terreno que quiera. Ya no solo se trata del drama humanitario sembrado por las autoridades en cuanto a la lucha contra el COVID, sino de la vacuidad intelectual para resolver algo que el propio candidato López Obrador se cansó de repetirnos: que acabaría con la pobreza y con el desempleo, mostrándose incapaz siquiera de lanzar un salvavidas a quienes generan las fuentes de trabajo, eso sí, con la creciente sospecha de que su gobierno opera una bolsa multimillonaria para la aceitada de su maquinaria electoral. 

El drama de las MiPymes no es un invento de los intelectuales o de la prensa maldita, el trabajo titánico de muchos empresarios por no ver morir años de esfuerzo no ha sido respaldado por las autoridades, las “limosnas” esbozadas de programas de apoyo y todos esos anuncios rimbombantes no sirven.  

A los mexicanos nos va a costar mucho levantarnos de esta, de la crisis económica más profunda de décadas y que fue alimentada desde la terquedad y desprecio oficiales. Eso sí, maquillada burdamente desde la propaganda del “vamos requetebién”.