Miguel Ángel López Farías

Se están llevando pesado, la  rebelión en la policía federal ha trepado al ring al ex presidente Calderón y al actual Andrés Manuel, desenterraron las hachas y lo que sugirió López Obrador lo capitula Alfonso Durazo, el padre del “chamaco” tiene nombre y se llama Felipe, ¿En serio es posible que el ex mandatario pueda mover una fuerza que tan solo el lunes reunió más de diez mil elementos, cuando no pudo siquiera llenar de votos a su esposa Margarita para que continuara en la contienda presidencial pasada? ¿Él sólito hizo estallar un polvorín que venía anunciándose? 

La gran falla de la 4T es querer ver fantasmas en donde no los hay, sostener una  línea discursiva  hacia los elementos de la policía federal que no han sido buenas,  el rastro  de desdén y humillaciones en los capítulos del sur de Chiapas están registrados, hace bien  el presidente AMLO, en querer investigar lo que está ocurriendo con la PF, pero debería servir para que a su escritorio se le haga llegar la radiografía tal cual de lo que sucede con este cuerpo de seguridad, y aunque es “a toro pasado”, no dejaría de ser útil el que se sepa bien la historia de las cosas, aunque en su concepto  de “estar informado” el “tenga otros datos”.

Lo decíamos hace unos días, con la radicalización de los polos políticos, sea el ala conservadora o los radicales, el país entraría en una fase peligrosa, en donde el juego de sillas seria cada vez más violento, vemos por un lado a Morena y el PRI en franca alianza (sumados todos los demás partidos pequeños) y observamos a un plan desdibujado pero que bien podría aglutinarse en torno a la figura de uno de sus ex compañeros, Felipe Calderón, quien sin ser ya azul no deja de representar, junto con su esposa Margarita, la oferta real para nivelar la balanza en un mercado electoral que va abandonando poco a poco el furor lópezobradorista.

Y lo que se bosqueja en el campo de batalla entre el michoacano y el tabasqueño no significa en lo absoluto una buena noticia para el horizonte de paz y tranquilidad que queremos, la crisis en la policía federal abre un poderoso boquete en el espíritu del cuerpo de la gendarmería, que aunque se queden solos los militares más los  pefepos que logren sumar, en el ánimo se estaría perdiendo la primera intención frente al poder del crimen organizado, estos si, capaces de reclutar jóvenes y hasta elementos con “charola”, con la magia de una mejor oferta laboral y la cartilla de la impunidad que se gana a punta de corrupción y complicidades.

Alguien no hizo bien su trabajo y el resultado es que lo que prometía ser una de las mayores muestras de la fuerza del estado, uno de los primeros pasos hacia la recuperación de la tranquilidad y el mundo de la justicia, sencillamente se ha convertido en una serie de gazapos y manotazos entre los invitados de culpas y resbalones, de cerrazón y necedades, así, ningún estado puede pretender ganar una guerra.

¿En qué momento se les olvido que todo debería ser por el bien de México? ¿Tan profundo fue el agravio del 2006 para AMLO que ni siquiera el “perdón y olvido” tocaría a Calderón?

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