Miguel Ángel López Farías
Regular a las «benditas redes sociales» por qué ahora son «malditas», es tal y como lo decíamos ayer, una manera de querer resanar todas las grietas en donde se filtra la humedad de la crítica, zona de enjambres en donde la información, sea presentada desde su Angulo serio, hasta la más común, la difamación o la vulgar mentira podrían hacerle aún más daño a una alicaída 4T.
La pregunta es: ¿debe someterse a ajustes lo que se deba decir o no en el veleidoso mundo de las redes?, afianzados a la idea de que somos una democracia, la respuesta debería ser un no, pues se tocaría la piel de la libertad de expresión, un valor que debe ser resguardado como el antídoto más eficaz ante ese otro peligro, el del poder desquiciado y sin límites.
El presidente, tal y como lo sabemos, es un personaje que ha construido toda su carrera desde una especie de rebeldía, el oponerse a todo y ser un crítico constante y mordaz de sus enemigos no ha sido ajeno a el poder demoledor de las redes sociales, las cuales cayeron en manos de una especie de cirqueros que se han hecho pasar por periodistas.
En las «mañaneras» podemos verlos y la manera en cómo utilizan las «benditas redes sociales» a favor de la propaganda del que oficia la misa de gallo nos podría convencer de que en realidad urge realizarle ajustes a esa maquinaria de difusión, pero ni así deberíamos caer en la tentación de regular lo que de suyo no es el problema sobre lo que en México se vive y que tiene que ver con una de los mayores vicios de la información y es el brutal campo de la ignorancia.
Las redes sociales y sus resbalosas pistas también representan un medio eficaz para la comunicación de buenas ideas, de contenidos, de investigación, pero el hecho de que no tengan más valor que el simple chisme o cotilleo es porque los niveles educativos no dan más que para creer en lo más fácil, en lo sencillo o de fácil digestión intelectual.
Este es un tema no solo privativo de México, ocurre en la mayoría de los países en donde el sistema educativo o de instrucción no es lo suficientemente «nutritivo» para su sociedad, por ello es que a muchos les llega más fácil la información «chatarra» que le calidad de un dato duro.
¿Por qué llegan a el poder grupos o personajes que fincaron toda su ruta sujeta a el engaño o las mentiras?, porque frente de si encontraron ciudadanos que inconscientemente se dejaron engañar, se trata de hombres y mujeres entregados a los humos del fraude, pero sin percatarse del engaño, hasta que es demasiado tarde.
El presidente de México se encuentra en la recta final de su larga carrera, 18 años tardo en llegar a Palacio, todo lo que en algún momento alimento sus tropas para ganar, hoy se le vuelven en contra, es el dramático peso de una realidad.
La suma de errores y la crisis humanitaria en la que hundió al país no encuentran espacio en un buen número de medios de comunicación que hoy se mantienen intubados desde Palacio Nacional, ningún espacio informativo de la televisión trae la carga del drama que este gobierno ha sembrado en el país.
Pocos son los espacios que defendemos la libertad de dar cuenta y narrativa del dolor de millones de seres humanos que en este país fueron abandonados por sus autoridades, la 4T fue asfixiando a las plumas y comentaristas y las «benditas redes» según el dogma presidencial hoy se llevan al santo oficio para ser encarceladas y que no sigan operando como la necesaria llave de presión social.
La nave de Morena esta por estrellarse en los arrecifes y ya no le gusto lo que en cubierta se dice: si no cambiamos el rumbo, vamos a morir ahogados… corten las redes, maten las redes, a las redes sociales.













