Miguel Ángel López Farías

THE ECONOMIST lanza una bonita portada para la colección, escandalazo para los que quieran ser escandalizados, pero lo que este semanario británico empalma en su caratula no es ni más ni menos que la prensa libre y los analistas serios mexicanos muestran todos los días.

Claro está que una cosa es que esta publicación londinense lanza con impacto mundial y con claras repercusiones entre sus lectores (líderes empresariales, inversionistas y esa élite que toma las decisiones en gobiernos) y otra lo que un pasquín subsidiado por la 4T pueda publicar.

El asunto es que estamos ante un reflector que potencia lo que a nivel de suelo mexica ocurre, este paramo de tragedias que llevan el sello del morenísimo gobierno… el mensaje de The Economist es solo para el gobierno de Joe Biden, el cual, lo hemos señalado en varias ocasiones trae bajo el brazo sendos expedientes en contra de su vecino del sur, el llamado de esta publicación es una ficha roja internacional para que no sean sorprendidos por una nueva Venezuela con frontera en el río Bravo…

Pero no revela nada que no sepamos o peor, que no padezcamos, así que si en los patios de Palacio lo toman como un ataque de la versión de la mafia del poder extranjera y al grito de “retiemble en sus centros la tierra al sonoro rugir del cañón” es solo para seguir sacando kilometraje a el papel de víctima, muy útil en tiempos electorales.

Pregúntenle a Fidel y a Hugo Chávez, deberían mejor bajarle dos rayitas a la histeria en Palacio, no hay tal complot, lo que The Economist les señala bien podría habérselos dicho Porfirio Muñoz Ledo o el jefe Diego… claro, les incomoda que se les exhiba, los quiebra y eso lo saben, es su línea 12 con repercusiones mundiales, eso es lo que los lastima, transitar de un pretendido milagro de la democracia a un fracaso de la galería mesiánica del mundo. Que rápido se vino todo abajo para ellos.