Miguel Ángel López Farías  

Se comienza a reconocer: el gobierno de AMLO se metió en un problema terrible en materia económica, sus banderas anticorrupción han llevado a la maquinaria de los dineros a empezar a lanzar crujidos… lo dicen despacito, susurran, me lo han confiado, no son personajes menores, están a ladito del presidente y el cruce de miradas lo dice todo: la economía mexicana, técnicamente se encuentra en recesión.

Claro que no hay quien se atreva a decir lo contrario, no hay más peso que  los datos que en Palacio Nacional se sostengan, y aunque el guion del combate en contra de los abusadores sea efectivo, en la mesa no ha pasado de ser eso: una montaña de acusaciones con pocos nombres y pocos apellidos, de ahí en fuera, no se le está dando ningún elemento a la sociedad como para pensar que la guerra en contra de la corrupción está funcionando.

Y aunque es de esperarse que muchos músculos viciados se resistan, también deberíamos esperar la mejora en muchos sentidos de la economía a ras de suelo, esto es, que los bolsillos de millones de mexicanos han comenzado el peregrinar a la tierra de la ansiedad y la escasez.

Seamos claros: el gobierno y las empresas son los pivotes principales de toda actividad económica, la simbiosis de estas dos sirven para que el baile sobre la pista sea lo más coordinado y se tengan resultados que dejen con buen sabor de boca a todos, en este caso, el gobierno de la 4T ha fungido como agente retardante, operando bajo esquemas muy extraños y que bajo la lente de la lucha anticorrupción determino parar inversiones y otro tipo de actividades, basta asomarse a la industria de la construcción, la ciudad de México se convirtió de pronto en un camposanto para ellos.

¿Cuántos trabajadores de este giro se quedaron sin comer? Miles, y súmele todo lo que esta industria genera en cuanto a insumos, el golpe es brutal. Lo mismo ocurre en el mundo de los medicamentos, una situación que hasta el momento pinta apocalíptica para los enfermos, y que no alcanzan a entender el por qué las pastillas o inyecciones que requieren dejaron de ser abastecidas en las farmacias del sector salud.

¿Qué las grandes compañías farmacéuticas hacían su agosto amparados en funcionarios corruptos? muy bien y ¿Dónde están los funcionarios tramposos? Libres, los enfermos, más enfermos aun y la industria de las medicinas pasando aceite.

¿Recuerda usted la crisis del huachicolazo? el argumento principal fue recuperar la soberanía petrolera, esto es, que el control de precios y distribución de los combustibles fuera potestad de este gobierno, se compraron pipas y se aplicaron medidas más enérgicas para evitar las tomas clandestinas.

Debemos preguntarnos ¿Por qué el precio de la gasolina no bajo? ¿Por qué continua flotando sobre los 20 pesos, si Pemex asumió el control de las fugas y robos? no sabemos francamente si se recuperó la soberanía petrolera, lo que sí es cierto es que llenar el tanque significa un sangrado permanente a la economía doméstica y el rebote pega en una inflación cada vez más fuerte.

El INEGI ha colocado el dedo en la llaga, la economía nacional está llena de contusiones, la falta de claridad sobre lo que esta administración quiere hacer mezclando combate a la corrupción con la parálisis de sectores sumamente importantes están inflando más la burbuja de la crisis.

Es sumamente importante que el gobierno de AMLO de un viraje, que vacune al país de esta amorfa austeridad y que se convierta en el principal impulsor de la cadena productiva. México no merece otra vez ingresar a terapia intensiva, o se fijan nuevos parámetros sobre la ruta de este gobierno o nos sentamos a esperar el siguiente meteoro.

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