Miguel Ángel López Farías 

La narrativa es brutal, el hombre transpira dolor, Adrián Lebarón platicó en el espacio de URBE DE HIERRO de mi casa ABC Radio, su hija fue asesinada junto con tres de sus nietos, en total fueron 9 los seres humanos acribillados hace poco más de un año, allá, en Bavispe, Sonora.  

Sostener la voz para explicar todo el viacrucis, retratar esas horas en las que don Adrián junto con su esposa aguardaron vigilando los cuerpos de los suyos esperando la llegada de las fuerzas federales lleva una de las pesadillas más crueles que un hombre pueda soportar, en la conversación arroja la frustración de no encontrar la famosa “justicia”, misma que se le ha dosificado pues en México es moneda sustente en la mayoría de los casos de crímenes cometidos por narcos y sus subnormales sicarios y como premio de consuelo le arrojan un memorial que será inaugurado el próximo 15 de diciembre.  

Los Lebarón han sido noticia de gran impacto dados los apellidos y su doble nacionalidad México-americana, pero los pantanos se replican en todo el país, solo que no sabemos más dada la condición de tratarse de seres casi anónimos, sin el peso mediático por sus muertes.  

En Sonora se presentó lo que es conocido, que la impunidad priva, que los narcos pesan más que el discurso simplón de la lucha en contra de los criminales o corruptos, mismo estribillo que se recicla desde hace muchos sexenios, solo que en el actual se convierte en la mayor burla de un gobierno que llegó a Palacio con sendas banderas de que los criminales se aplacarían con abrazos, el resultado ahí está: grupos de criminales que igual huachicolean o secuestran o matan a inocentes, al final de todo se trata del fracaso de una indigesta Cuarta Transformación. 

Que difícil resulta para un padre y abuelo como Adrián Levaron sus rostros de lujo naturales sea incapaz de ver nacer a un gobierno que cumpla con las exigencias básicas de una real aplicación de justicia, pero sino tantos los muertos que ya no duele, ya no sacuden, no nos despierta y nos mantiene ciegos ante la burla de esos mismos que aseguraron que todo habría de cambiar con su mesiánica llegada. Mientras, los criminales siguen gobernando el país.