Miguel Ángel López Farías

El día 28 del mes de octubre fue ejecutado en su domicilio el periodista chiapaneco Fredy López Arévalo, por ninguna línea informativa ha sido expresada por el gobierno de Rutilio Escandón, un gris gobernador, atrapado entre intereses familiares y operadores de criminales.

En la madrugada del viernes pasado, en Acapulco, Guerrero, un grupo de hombres armados, secuestraron de su domicilio al fotoperiodista Alfredo Cardoso, horas más tarde su cuerpo fue localizado a unos metros de su hogar, fue torturado y ejecutado con varios tiros de bala.

Esta otra “pandemia” de agresiones y asesinatos en contra de las y los periodistas mexicanos confirma el hecho de que el país se ha convertido en santuario de asesinos, ejecutores que reciben el amparo de todo tipo de autoridades, alimentando el reinado de la más insultante impunidad.

La revista “etcétera” difunde un listado con los nombres de todas y todos los

Colegas que han perdido de vida en lo que va de este sexenio, nombres de son parte de los archivos ignorados por organismos oficiales que utilizan el membrete de “defensores de los periodistas” sin que su papel signifique una vía segura para la aplicación de justicia.

Los mecanismos de protección son solo una terrible broma, 50 colegas asesinados confirma que es más sencillo meterle una bala a uno de los nuestros que provocar que los músculos del Estado se muevan para dar con los culpables. ¿Por qué no se lee en voz alta la lista de los 50 ejecutados en la mañanera? ¿Por qué el silencio presidencial? Cierto, por qué para él y sus esbirros, nosotros, los periodistas somos el enemigo a exterminar.

En el caso del colega Cardoso, ejecutado en Acapulco, Guerrero, se asoman pinceladas que dibujan el estado cínico de las cosas ya que la propia presidenta municipal, Abelina López, señaló que “son los medios de comunicación los que ponen la alarma de violencia”, sugiriendo que deberíamos quedarnos callados.

La Academia Nacional de Periodistas de Radio Y Televisión continuará insistiendo en la pronta aclaración de estos aberrantes hechos, somos las y los comunicadores la línea de batalla más efectiva ante el poder de los criminales y aquellos políticos corruptos, nuestras “balas” son la información y el valor de decirlo… lamentablemente hemos ido a esta guerra sin mayor protección que la solidaridad entre nosotros.

Una vez más, repudiamos este tipo de actos, propios de cobardes y reiteramos nuestra exigencia para que las autoridades realicen el constitucional trabajo de velar y proteger los derechos de todas y todos los ciudadanos en México.