Miguel Ángel López Farías

Quirino Ordaz, saliente gobernador de Sinaloa, muy cercano a EPN, es el detonante de todo tipo de reacciones. El Priista es embarcado a España y ello potencia un galimatías para un público que se pregunta: ¿Qué tipo de movimiento es este?, ¿La misión será buscar a el expresidente Peña en su refugio, en Madrid y hacerle un recordatorio de que el PRI debería estar al servicio de López Obrador y no de alianzas con el PAN o el PRD? 

Quirino Ordaz acerca la pólvora a los pastizales aliancistas. ¿Podrán confiar los azules, amarillos o naranjas en el tricolor? Tienen mucho que arreglar en sus próximas reuniones de terapia grupal, pues el ambiente de poténciales traiciones flota entre ellos.

Ahora bien, Sinaloa no deja de ser llevada a el imaginario por los resultados electorales recién pasados, mismos que fueron “operados” por el narco, y para ser más precisos, por el cartel que ha sido señalado como “el favorito” de este sexenio. 

Solo un inocente dejaría de lado la relación entre el triunfo de Morena y las “facilidades” que en este gobierno le han prestado a el cartel de Sinaloa… y no descartemos el que a este gobernador se le envíe como embajador a España como premio o como protección.

¿De qué? Solo que a los Guzmán (familia del “Chapo”) no les pareciera seguir viendo a Quirino en la entidad por alguna cuota pendiente. Y si se trata de un premio, sería por haberse portado muy bien y permitir el triunfo de Morena en su estado. Sin descontar que el mandatario disfraza, simula, esconde detrás de una supuesta reconciliación con España un acto que no sólo muestra su desprecio a una cancillería y el cuerpo de los hombres y mujeres con carreras diplomáticas incluyendo a el propio canciller Ebrard, quien con esto vuelve a ser ignorado por su jefe, sino que envía a la península ibérica a un personaje que sin ser señalado hasta el momento de ser un narco gobernador, lleva consigo la funesta carga de ser uno de los artífices del nuevo modelo del narco estado.