Miguel Ángel López Farías

Hablemos de cosas serias, el gobierno del presidente de EUA Joe Biden no necesita ni buscar una foto con el mandatario mexicano López Obrador, no le interesa, lo de ayer fue un acto de finura política por parte del vecino del norte, pensar que esto es un logro del gobierno de Palacio Nacional es pecar de ingenuos, las líneas de lo que Biden tiene planeado para con su socio son claras, no dará vacunas porque primero atenderá a su pueblo, recordemos que allá se vive también una tragedia provocada por el loco Donald Trump y su necedad por desdeñar a el COVID. 

La oficina de López Obrador no recibirá ninguna dosis, punto. Biden ya dio muestras de que su preocupación hacia el sur tiene que ver con la peligrosidad de los cárteles de la droga, la DEA ya marcó los argumentos para la siguiente película en contra de los capos mexicanos (las barbas de personajes de la 4T deberán ser puestas a remojar).

Cierto es que Biden ha lanzado guiños como la detención de la obra del muro fronterizo, una especie de “apapacho” a la raza, pero que tienen que ver más con la sencilla razón de que esa desquiciada obra fue mano de Trump.

Biden no busca la foto con el neoguadalupano Obrador, más bien desea y aplicará todo el peso de Washington para que México, un poderoso socio comercial comience por respetar los acuerdos con toda la cartera de inversionistas que recibieron el tabasqueño “portazo“ en el rostro con temas como la energía, la historia no engaña, los presidentes mexicanos que incumplen con su “amigo” de la Casa Blanca terminan vapuleados y simplemente olvidados en los libros de texto, hasta Juárez, con toda y su furia anti-gala (combatió a los franceses) aceptó la ayuda económica y de armas de los yanquis (mandar fusilar a Maximiliano fue una instrucción muy directa para decirle al planeta que “América es para los americanos”).

No nos engañemos, si López Obrador quiere que lo que le resta de su fallido sexenio sea una ruta más llevadera y tendrá que buscar algo más que una reunión “zoom” con los compañeros de clase del salón oval y comenzar por acepta que fue un error haberse aliado a el innombrable del norte (Trump) y que como muestra de cariño resarcirá las demandas de divorcio que les recetó a los dueños de los dólares que buscaban invertir en la creación de energías renovables, minería, petróleo y hasta compañías cerveceras.

Vaya tarea que recae en un Marcelo Ebrard, el cual ya sabe que si quiere que el dedo bíblico lo unja como candidato a la presidencia deberá convencer a su jefe de que con los gringos no debe meterse, que la porra chaira no llega hasta la Casa Blanca, ni ningún “servidor de la nación” con todo y su chalequito guinda podrá convencer a los congresistas norteamericanos de que “ya no harán más travesuras”. 

La sonrisa del presidente Biden el día de ayer es el gesto más claro de un político que se divierte ante la angustia de alguien que no hace mucho ni la llamada le tomaba. Vaya vueltas que da la vida. Y AMLO celebrando como si nos fueran a regresar Texas… o mínimo una cajita con vacunas. 

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