Miguel Ángel López Farías

Sé que el tema de la opacidad no le preocupa al presidente de México, lleva mucho con el mantra de que él y solo él es transparente, incorruptible. Será muy difícil convencer de que no es así, basta con leer la línea de tiempo, la discursiva y comprobar la facilidad con la que ha dilapidado su bono.

No hay nada en contra del mandatario, todo es cuestión de pesos y de la balanza que no se equivoca, la de los hechos. Cómo creer en su palabra cuando argumenta que con ir a comprar medicinas al extranjero se acabará con el tráfico de influencias y de enriquecimiento del pasado cuando lo que estamos anotando es que ahora, el universo de adquisiciones directas, sin licitar son signo del primer círculo del mandatario y que solo hemos sabido de casos como Bartlett y familia, pero ¿qué la lista va a reventar en cuestión de tiempo?

La nueva ley de adquisiciones es un atajo muy descarado para hacerse de dinero y que este sirva para la operación de la próxima campaña electoral del mandatario y de paso engordar cuentas bancarias en laberinticos paraísos fiscales. Pero esto no se menciona pues ha sido vacunado con las dosis de honestidad valiente como bandera antiviral.

Y claro que todas las arterias del cuerpo de compras y adquisiciones han funcionado para que tanto gobiernos tricolores o azules hayan generado fortunas, pero nada indica que eso ha cambiado, no con un gobierno que se especializa en confundir, en maquillar, que ha depurado el arte de la distracción y que sabe que su letanía es bien recibida por una fracción del pueblo que aún cree que los bebés vienen de París.

El boquete se muestra con el Insabi, ahí, flamante hoyo negro que no explica las cantidades multimillonarias en compra de medicamentos que con destino a combatir el COVID se camuflajearon, y ojo, no solo con ventiladores, la bolsa es mucho más escandalosa, se habla de miles de millones de pesos, cerca de 10 mil mdp que según abrían llegado en aviones y que sencillamente no se sabe de ellos.

El problema no es si cerramos los ojos y sencillamente aceptamos que todo cambio con este gobierno y que no tendríamos por qué dudar o sospechar siquiera, el problema es que la palabra presidencial ha mostrado ser inconsistente, llevamos dos años en los cuales podríamos imprimir un libro muy gordo de todo lo que se ha dicho y que no es, que no será y no ha sido, nuestro cáncer radica en que el andamiaje de la 4T no soporta un solo análisis serio y lo que pudo haber sido su mejor bandera ,la lucha en contra de la corrupción se está convirtiendo en su propio lobo, uno que con el paso del tiempo terminará devorándolos.