Miguel Ángel López Farías

Paulatinamente se comienza a sentir los efectos del desastre económico en el país, la sequía monetaria golpea a millones, basta con platicar con la gente, la sequía de ingresos es palpable en los bolsillos de aquellos que de alguna manera continuaban sosteniendo un ritmo de gastos acordé a sus ingresos, no hablamos de un solo sector, es ya la generalidad, el que tiene empresas lleva rato sometido a recortes de plazas laborales, de ajustes en sus inversiones, muchos de los hombres de dinero han optado por la cautela ante la zozobra…

La vieja máquina de las cadenas productivas rechina mientras él gobierno cuatroteista decide no darle mantenimiento y por ende los espantapájaros terminan por ahuyentar a los inversionistas.

Y de ahí para abajo, cierre de pequeñas y medianas empresas por todo el territorio nacional y la inventiva mexicana se acorta, ni el comercio informal salvan la economía de miles de hogares, un drama sobre otro, la tragedia pandémica empalmándose con la tragedia de ser piloteados por alquimistas y no estadistas.

¿A cuántas personas conoce usted (sino es que usted mismo) le ha tocado el cáliz amargo de la desesperación por que fue despedido y debe afrontar los gastos propios de una familia?

Y en esta historia sin final feliz se vive un clima de incertidumbre que se atora en las noches de insomnio de millones de mexicanos. Seamos francos, ¿puede un político entender esto desde el blindaje de los grandes salarios y mejores negocios el drama que hoy los bolsillos transpiran?

No hay en este país un solo hombre o mujer de buena fe que aseguren que todo va bien, los damnificados del peor desastre político no saben qué sucederá en lo que resta del año… debajo de la cama se esconde el monstruo personal de estos tiempos y la pesadilla es redonda cuando vemos que el conductor del camión no se concentra en la ruta, ni en el camino, solo se  mira en el espejo ensoberbecido con el sueño de que su figura aparecerá en los libros de texto como el gran salvador de la patria, cuando su papel alcanza cómo el que estrelló un país llamado México.