Miguel Ángel López Farías

Durante la entrevista que le realizamos al ex jefe de gobierno Miguel Ángel Mancera me pude percatar de un fenómeno que creí no se daría, no en este momento, y que tiene que ver con un creciente número de simpatizantes hacia su persona, contrario a lo que se supondría, sobre todo si hacemos caso de todos los señalamientos y filtraciones de la 4T chilanga  que mencionan al actual senador y algunos de sus colaboradores como personajes de un entramado de abusos y mal ejercicio de funciones cuando era  jefe de la capital.

Fueron muchas las expresiones que llegaron a urbe de hierro, transmitida por ABC Radio 760 de am, vecinos que le manifestaron el extrañarle. Digo, si Mancera hubiese sido «el político que llevo al desastre a la ciudad» no se hubiesen dado esas muestras de simpatía, cada quien comienza a tomar un balance más frio de lo que fue su paso por ayuntamiento, en contraste, el actual gobierno ha llevado la ruta por un camino errático, que llegó con un bono enorme de expectativas, atado a la corriente lópezobradorista y su músculo electoral, aunado al cansancio de muchos ciudadanos que se fastidiaron de las ocurrencias como aquel reglamento de tránsito y las parasitarias foto multas, y muchos más elementos que llevaron al sótano al PRD en la capital, como la corrupción y la delincuencia.

Pero, se creían serían solucionados con la llegada del equipo de la doctora Sheinbaum, no solo no se ha dado, sino que parece ir profundizando en sus heridas y claro, esperar resultados en un año se antoja descabellado, solo que los que votaron por los de Morena en la capital lo hicieron esperando ese «gran cambio», un milagro que no aparece y que se sostiene en la imagen y respaldo del presidente de México ¿Por qué Miguel Ángel Mancera puede caminar por las calles sin dificultad? ¿Qué fenómeno se está dando en muchos sectores que comienzan a abrir los ojos? E insisto: es muy temprano para afirmar que el actual gobierno de la Ciudad de México haya fracasado, no hay tal, pero las decisiones y rutas mostradas no forman otra realidad ni generan la confianza suficiente.

Y el desencanto avanza hacia la frustración y al ser partes emocionales bien podrían convertirse en el gran tribunal en los siguientes procesos electorales. Se sabe que existe la instrucción de buscar cualquier prueba, argumento, que implique a el ex jefe de gobierno Mancera y a sus colaboradores en actos de corrupción, empleando a la chabacana contraloría en ese trabajo de cañería, sabemos que a más de uno le han colocado «marcaje personal» y que la indicación es llevarlos a tribunales, pero los casos se han ido derrumbando poco a poco por insostenibles.

Se ha dejado ver que el «salvavidas » de la imagen pública de la jefa de gobierno son estas fichas. Una moneda que bien podría comenzar a verse agotada por el desgaste, producto de la brutal realidad que pega a los ciudadanos de esta capital.

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