Miguel Ángel López Farías

En los estados del centro del país se concentran 534 municipios y 16 alcaldías, Puebla tiene tan solo 217, Estado de México 125, Hidalgo 84, Morelos 33, Tlaxcala 60, Ciudad de México 16 alcaldías, centros de poder, célula de la organización política, lo que debería ser la primera aduana de contención de todos los temas de una agenda local, pero en la práctica no lo es, son  excepcionales aquellos casos en donde un presidente municipal cumple con los principios de buen gobierno, por el contrario, el átomo municipal se ha convertido en micros feudos en el que los ropajes de esos mandatarios se revisten del poder que emana de muchas disfunciones de personalidad.

¿Quién niega aquellas imágenes de un presidente o alcalde rodeado de un ejército de secretarias y ayudantes, todos con más sentido de lacayos que de auténticos auxiliares? El rostro de esas estructuras muestran la necesidad de una revisión del modelo, en el que una presidencia local se distorsiona al rendirse culto a la personalidad, y nada de que las cosas mejoraron con los de Morena, algunos se salvan, pero el grueso de ellos y del partido que sean, siguen con el libreto de los excesos y de los pocos controles en materia de corrupción, pues vaya que un cargo de esa naturaleza sirve para iniciar con pequeña fortunas personales para él o la afortunada  mandataria local.

Las canchas de esas figuras de gobierno no poseen mayores contrapesos, algunos símbolos como los regidores u órganos de fiscalización estatales podrían dar equilibrios, pero no van más allá, pues los mecanismos de auditorías son igual de cortitos que la voluntad de los que la encabezan, pretender encontrar transparencia en sus gastos es una ruta muy difícil, plagada de enormes dosis de inexperiencia o de una patológica ambición.

Los municipios, en muchos casos se han convertido en santuarios de la nada, escalones políticos, ferias de mentiras, de falsedades en donde por medio de una campaña en un par de espectaculares pretenden lavar el rostro de lo que no hacen, calles que no son pavimentadas, obras que nadie ha visto, desfile de patrullas con policías gordos y mal pagados, luminarias que se funden a la semana, agua potable que falla, regiones enteras que terminan siendo capitaneadas por el crimen organizado  en fin.

Cada quien tiene una historia de terror en esos lugares y se debe reconocer que también, desde los estados,  desde la federación, por supuesto, se han ido cortando los flujos de dinero, recursos económicos que al final del día terminan dañando la operación de esas micro entidades, no se niega que un buen presidente o presidenta o alcalde, sin dinero poco puede cumplir, no habrá meta que alcance, no nos engañemos, los reinados de ciertos personajes que duran tres años o como ahora, con posibilidades de reelección no ha significado ningún tipo de progreso, atados a viejas costumbres y en muchas situaciones anclados a la nula capacidad política de quienes las encabezan, mediocres hasta niveles de histeria.

¿No acaso debemos pensar en por que nos acostumbramos a ver con naturalidad el que en un municipio surjan nuevas castas de ricos gracias al poder del cargo? Y ¿a ellos , quien los vigila?

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