Miguel Ángel López Farías
Pues no, ni todos los policías son gorilas, ni todos «muerden» o matan a garrotazos a los ciudadanos, lo de Jalisco y la muerte de Giovanni López es un botón de la bestialidad de unos cuantos, lo de la chica Melanie siendo agredida por los polis tambien es una estampa que no se debería presentar, de hecho, no tendríamos que respirar estos tiempos de barbarie y brutalidad, pero es así, porque arriba de las cabezas de los uniformados existen políticos muy enanos, incapaces de entender que un grueso de la sociedad está cansada.
Nadie defiende a los policías, lo políticamente correcto es encender la pira de llevarlos a la hoguera, pero se debe poner un límite a la crítica en contra de ellos, cierto, no se puede arropar a los que desde la imbecilidad cometen actos detestables como asesinar a un albañil o golpear a una jovencita, solo que al resto, me atrevería a decir que una gran mayoría de policías se les ha dejado a su suerte, iniciando por las mismas autoridades negadas a replantear un nuevo modelo policiaco, con una filosofía distinta, con mayores dosis de profesionalismo y algo básico, regresándole la dignidad salarial y de protección del Estado a esos hombres y mujeres que si portan con orgullo el uniforme.
Lamentablemente somos testigos del ninguneo de los mandos y de las cabezas de gobierno hacia los uniformados, el mejor ejemplo se dio con la fallida Guardia Nacional, un monumento tan ridículo que termina siendo auxiliado por las fuerzas armadas, o sea, lo que tanto señalaron los policías federales hoy se cumple y tenemos a una Guardia Nacional del tamaño de esta 4T, o sea, anémica. cierto, asomarnos al gran cuerpo de policías en el país, nos arrojaría muestras dantescas, comenzando por aquellos que siendo municipales se han entregado a las manos del crimen organizado, criticable, pero que al revisar sus salarios nos enteramos que reciben tres mil pesos a la quincena, o sea, defienden a la ciudadanía desde la más grosera pobreza, sin respeto de sus mandos
¿Quién, en su sano juicio es capaz de arriesgar la vida ante el narco local si lo que recibe por su trabajo es la miseria de una quincena y los criminales encañonan bajo la firme sentencia de «plata o plomo»?
Regresemos al tema de la Ciudad de México, aquí se concentran este tipo de casos, muchos de los cuales no conocemos porque sencillamente los uniformados no cuentan con los medios para hacer valer su voz, nadie los voltea a ver, no son sujetos de la atención de la opinión pública, excepto cuando son noticia.
¿Por qué no se les defiende? porque para muchos es sencillo pensar que para eso se contrataron, pero se desconoce que estos mexicanos, muchos, encontraron en esta profesión el único medio para sacar adelante a su familia, de hacerse de un ingreso, o sea, hombres y mujeres que no optaron por este estilo de vida por inspiración sino por necesidad, luego entonces se someten a la dura prueba de la disciplina y el silencio, del aguantar porque no hay de otra.
Los políticos han cometido todo tipo de errores, sus fracasos son montañas inocultables y muchas capas de esta sociedad toman las calles, una gran mayoría con razones sobradas para exigir ser atendidas, otros solo buscan sembrar el caos y delinquir como son los saqueos, lamentablemente son los uniformados los que se utilizan como el último recurso para tratar de tapar los socavones de los iluminados que ocupan la silla.
Ser policía en este país no es nada fácil, ellos la llevan de perder frente al rechazo de muchos ciudadanos y el abandono de sus mandos y arriba de ellos, de los funcionarios, así que, mucho bien le haría al debate poner sobre la mesa esos ingredientes, antes de que más sangre llegue al río, porque esto de los disturbios y furia en las calles apenas comienza y no, la culpa no será de ellos, de los uniformados.














