Miguel Ángel López Farías

A Pemex siempre la han ordeñado, desde antes que fuera instituida como petróleos mexicanos, la sangría ha sido histórica, primero fueron los gringos, desde la época en que todo se industrializó y las maquinas dejaron de usar carbón, los ojos de los del norte voltearon a ver nuestros ricos yacimientos, así crecieron compañías con fierros y tornillos extranjeros y sin regresarle un solo centavo a las arcas de este país.

Vinieron los revolucionarios y terminó ganando aquellos que le garantizarían a los yanquis el uso a perpetuidad del crudo, pero la segunda guerra mundial abrió un boquete para que Lázaro Cárdenas los mandará al diablo, fue con la expropiación del 18 de marzo, pero el gusto no duro, Pemex continuó siendo vejada, los distintos gobiernos posrevolucionarios se sirvieron con la cuchara grande, desde el gigante sindicato hasta los diferentes presidentes.

Pemex fue el milagro económico, pero solo para ellos, para los políticos que la regentearon, y así, la triste historia de un país rico en combustible paso a ser la de una nación que colgó su cordón umbilical a los caprichos de los barriles de petróleo y sus cotizaciones, así supimos lo que fueron una serie de crisis en cadena que hasta la fecha nos han salido muy caras y Pemex siguió siendo la prostituta favorita de los que han gobernado, la grado de que más de un funcionario de la paraestatal ha recibido a domicilio el cuerno de la abundancia, la riqueza los inundo.

Eso es Pemex, pero ese es el otro huachicoleo, no el rapaz, el que la plebe comete, uno que se tipifica como robo, y ya como parte del crimen organizado, pero que ha contado con la asistencia de técnicos, ¿De qué otro lado saldrían? De técnicos del mismísimo Pemex y de su sindicato, ese huachicoleo ha merecido un mega operativo por parte del gobierno de la 4T, ese que provocó que millones de automovilistas entrarán en crisis hace poco más de un año, y que también nos reveló que cientos de comunidades se dedicarán por entero a esa actividad de la ordeña de ductos.

¿Será que Pemex y todos sus beneficios son en realidad el más cruel estigma del diablo? Como condenar a tantos y tantos pobladores que encontraron en eso de llenar bidones de gasolina una forma de vivir, aunque sea fuera de la ley, sin atrevernos a señalar el que a Pemex se le ha metido mano, y se le sigue haciendo tal saqueo, pero por parte de hombres con poder, de traje y corbata.

¿Quién es más culpable? ¿El campesino que no sabe lo que es tener mil pesos en la bolsa y ve en esta oportunidad de ordeña una forma de obtenerlo o el político que durante décadas ha exprimido a la paraestatal?