Miguel Ángel López Farías

Si, duele saber que cientos de niños con cáncer y otras enfermedades crónico degenerativas están viendo como la vida se les va mientras las autoridades de salud y sus filas de burócratas se arrojan acusaciones. Preocupa que aquí, en la capital, un grupo de vendedores ambulantes, con más ganas de dejar de serlo y entrarle a un campo de legalidad reciben tolete y patadas para dejar de ensuciar el paisaje, eso sí, serán reclutados cuando vengan las siguientes elecciones y requieran de sus votos, y por si fuera poco se escucha el crujir de los andamios económicos son tan notorios que un estudio, de capital economics, señala que la economía mexicana cae por primera vez en 10 años.

Y el mandatario recurre al mantra de que él tiene otros datos y que puede decir que hay bienestar. Preocupa este diagnóstico y peor su respuesta, si el doctor que atiende al enfermo no acepta lo que le grita el paciente, entonces entramos en un terreno de parapsicología en donde quien cura o debería curar comienza a hacerlo al tanteo, o lo que digan sus impulsos.

Este mal fario se ve en las calles, se respira en esta región metropolitana, sitio en el que son cada vez más los mexicanos que han adormecido sus sueños de un crecimiento al de un letargo que sabe que no vendrá nada bueno detrás de la esquina. La economía puede fallar en cuadros macros, eso lo sabemos, pero esto es como el coronavirus, se sabe que existe, que el brote genera preocupación, pero es hasta ayer cuando la OMS decide lanzar todas las señales de alerta y ocurre solo cuando medio planeta presenta boquetes en sus defensas de salud, así con México, lugar en donde se emiten los focos rojos, las alertas, los bolsillos sobreviven en climas de mediocridad económica, o mucho más grave, bajo la amenaza de despidos.

El presidente, eso sí, no se equivoca cuando habla de bienestar, pero esa recompensa solo está llegando a sus seguidores, que repito, no necesariamente está mal, pero a los grandes motores de este camión no se les está haciendo despertar, y hablo de una clase media que continua chapoteando en la ansiedad de no poder salir del barranco, no crecer significa no estar haciendo bien las cosas, y aunque la 4T rebose de buena voluntad esta no será suficiente debemos escuchar las voces de los empresarios, los cuales, no todos son corruptos ni poseen grandes fortunas.

Cierto, México aún no es escenario de cacerolazos y de disfunción extrema, pero de que nos estamos acostumbrando a que la vida por aquí se lleva de manera vergonzosa entre carteles que se apoderan del país, niños con cáncer, delincuentes en las calles y el pre infarto económico, así, nada significa buenas noticias.

Ya paso un año, los bonos democráticos son cosa del pasado, a nadie conviene irse al socavón económico, con mayor razón para que el presidente AMLO encienda los interruptores y abra la cartera, que facilite la inversión y sea el sentido común el que nos conduzca… esto si es ya por el bien de todos.

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